En medio del dolor y la indignación, este domingo 31 de agosto se llevó a cabo el sepelio de Valeria Afanador, la niña de 10 años desaparecida desde el pasado 12 de agosto y cuyo cuerpo fue hallado en cercanías del río Frío, tras 18 días de intensa búsqueda.
La jornada comenzó con una caravana fúnebre que partió desde el centro comercial Centro Chía hasta el municipio de Cajicá, donde decenas de personas, entre familiares, amigos, vecinos y ciudadanos solidarios, acompañaron a la familia con flores, mensajes de aliento y globos de colores, símbolo de la alegría y pureza que recordaban en la menor. Posteriormente, el féretro fue recibido en el club Edad de Oro, donde se realizó el velorio, y más tarde fue trasladado a la iglesia Inmaculada Concepción, donde la comunidad se unió en oración.
Las muestras de afecto hacia Valeria se multiplicaron. Compañeros de colegio, docentes, vecinos y niños de la localidad expresaron su tristeza por la partida de la pequeña y exigieron justicia para esclarecer los hechos. En medio del homenaje, la caravana fue también un acto simbólico de resistencia y unión, en el que la comunidad cajiqueña dejó claro que no descansará hasta conocer la verdad sobre lo ocurrido.
Las circunstancias de la desaparición y posterior hallazgo han generado una fuerte controversia. La familia, acompañada por la Defensoría del Pueblo Regional Cundinamarca, ha denunciado presuntas irregularidades en el proceso, como la tardanza en reportar la desaparición por parte del colegio Gimnasio Los Laureles y la demora en la emisión de una circular amarilla por parte de la Fiscalía a la Interpol.
El capitán Álvaro Farfán, delegado de Bomberos Cundinamarca, quien encabezó las labores de búsqueda durante más de dos semanas, calificó el desenlace como un momento de “dolor y sinsabor”, teniendo en cuenta que el cuerpo fue hallado en un lugar donde ya se habían adelantado intensos operativos. Este hecho genera aún más dudas sobre lo que realmente sucedió en el caso.
Mientras la investigación avanza, la comunidad de Cajicá continúa sumida en la tristeza. El nombre de Valeria se ha convertido en símbolo de inocencia, esperanza y reclamo de justicia, en un caso que ha conmovido no solo a Cundinamarca, sino a todo el país.








