Tras la muerte física de Miguel Uribe Turbay, un senador de la república que había postulado su nombre como precandidato a la presidencia de la república, se abre un panorama mucho más incierto al que veníamos arrastrando, antes del pasado 7 de junio.
En pleno Salón Elíptico, cuando se cumplía la velación en cámara ardiente de los restos del joven político, el excanciller Álvaro Leyva, volvió a encender las alertas sobre el futuro político del país.
Ante una andanada de preguntas formuladas por periodistas, Leyva aseveró que “se debe buscar el trasfondo de este crimen, condenar a los autores materiales, pero mirar motivaciones del crimen”.
Las nuevas declaraciones del excanciller, sonaron como campanadas secas, y cayeron muy pesadas a los oídos de quienes estaban en los pasillos; y de los oyentes que escucharon las aseveraciones de un hombre avezado en los avatares de la política de este país.
Miguel Uribe Turbay se convirtió en una figura política emergente del Centro Democrático, con una trayectoria que iba desde concejal de Bogotá hasta ser el senador más votado de su partido en 2022; su figura estaba ganando terreno, en un país que busca caminos serios y responsables para sacar al pueblo del atolladero, al que lo han llevado los gobiernos de diferentes partidos que han venido manejando al Estado colombiano.
Las sombras del pasado parecen perseguir a los colombianos. Cuando se pensaba que habíamos superado los ecos de los crímenes a candidatos que se atrevían a hablar en contra del narcotráfico y la guerrilla, inmediatamente ‘la mano negra’ aparecía y los acribillaba. La historia es nueva, por eso todos recordamos los nombres de los inmolados líderes, que expresaron con valentía sus opiniones, y cayeron bajo las balas asesinas.
Como siempre el país ha reaccionado. Se hacen pronunciamientos que se los lleva el viento. Se convocan consejos de seguridad. Se capturan a presuntos autores, que al final, logran su libertad.
A nivel internacional se han sentido las reacciones, pero que también se diluyen, o simplemente son absorbidas por la dinámica de otros hechos que a diario se registran en el mundo.
Tanto los partidos de gobierno, como la oposición, no muestran cartas que puedan aglutinar un electorado real y consciente de lo que quiere, busca y necesita el país. Los opositores al gobierno se enfrentan: expresidentes como Andrés Pastrana, César Gaviria, Juan Manuel Santos, Iván Duque y Álvaro Uribe, parecen enfrascados en mantener unos liderazgos individuales, sin caer en cuenta que, el gobierno viene armando unos esquemas electorales, que le permitan mantener el poder.
La disputa de la Isla Santa Rosa de Loreto, el Catatumbo, la Zona Binacional, la unión de los ejércitos de Colombia y Venezuela, son verdaderas bombas de humo para que la gente no vea, lo que vienen preparando.
