Durante la entrega de casi 6.500 hectáreas de tierra en Tierralta, Córdoba, el pasado 8 de agosto, el presidente Gustavo Petro Urrego, dijo con un tono irónico, “miren esa paradoja, yo diría que Barranquilla está en un pleno proceso de empobrecimiento, pero para la prensa es la joya de la corona”.
Presidente se equivocó. No solo es Barranquilla, es el Caribe en pleno que se encuentra con los peores índices de pobreza extrema en este país. No es porque la prensa calle.
Acuérdese presidente que pagamos las más altas tarifas de energía de todo el país; que paradójicamente los costos del gas natural son más elevados aquí que en el interior; que desde Bogotá quitaron el ferrocarril del Atlántico y la navegación fluvial para favorecer a las empresas de transporte terrestre; que las loterías, las licoreras de todos los departamentos del Caribe, las cerraron para darle paso a multinacionales de juego de azar; que a Maicao le declararon la guerra comercial, para convertir a Bogotá y Medellín, en las mecas del contrabando; las regalías del carbón se les llevaron para repartirla en todo el país.
Al aeropuerto de Riohacha le quitaron la categoría de Internacional, para evitar que siguieran los vuelos hacia Aruba que está a poco tiempo de la península. Hoy debemos ir a Bogotá para poder visitar a las islas del Caribe.
Según el Dane, el promedio nacional de pobreza monetaria extrema ronda el 13 %, pero en La Guajira supera el 30 %, y en zonas rurales e indígenas, las cifras crecen a niveles inaceptables, por lo que cada día se dispara el hambre, y lógicamente se incrementan los casos de muertes de menores y adultos por física falta de comida. A los indígenas les llevan ayudas humanitarias y les atienden sus enfermedades en brigadas de salud.
Decir que Barranquilla tiene los disparos más elevados de pobreza extrema, es aceptar que el resto del Caribe se encuentra en peores condiciones.
La Guajira es el rostro más doloroso de esta desigualdad, que desde hace años comenzaron a implementar otros gobiernos diferentes al actual, pero que, lamentablemente, un caribeño, nacido en tierras de Córdoba, hoy utiliza estas cifras para atacar a grupos políticos, opuestos a su gobierno.
En el caso de La Guajira, su historia sigue arrastrando las cadenas de la pobreza. Esta región ha sido marginada desde tiempo remotos, cuando éramos una Intendencia, luego una Comisaría, y seguimos con esa lápida, tras pasar a departamento en 1965.
A estas regiones la sigue matando el centralismo que han querido ser maquillar con unos organismos como Sipur, Corpes, y ahora la RAP y RET, creados con las alas cortadas, para evitar que sus directores puedan lograr lo que ordena su objeto social.