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Romualdo y Gardel, entre la música, las coincidencias y la fatalidad

“Lo que es para uno le llega como mandado del cielo sea por bien o sea por mal”. Iniciamos nuestra crónica transcribiendo una parte de la canción titulada…

“Lo que es para uno le llega como mandado del cielo sea por bien o sea por mal”. Iniciamos nuestra crónica transcribiendo una parte de la canción titulada…

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“Lo que es para uno le llega como mandado del cielo sea por bien o sea por mal”. Iniciamos nuestra crónica transcribiendo una parte de la canción titulada ‘Así es la vida’ de la autoría de Romualdo Brito que en el año 1978 incluyeron Diomedes Díaz y ‘Colacho’ Mendoza en el LP ‘Dos grandes’ a propósito del tema que ocupa nuestra atención.

A propósito del Octavo Aniversario  de ‘La Tertulia’ un espacio cultural  independiente  que cada quince días se reúne -o nos reunimos-  los amantes de la palabra, cronistas, investigadores y gestores culturales a hablar, a conversar, a escuchar y a compartir lo que a bien se tenga para la fecha, se realizó el día viernes  4 de julio reciente pasado  una edición especial de ese certamen itinerante y sabroso  habiéndose escogido por  el doctor Gustavo Múnera Bohórquez,  como tema para la exposición  ‘Carlos Gardel, una voz y varias tragedias’.

Tal como estaba previsto, allí nos encontramos en ese espacio libertario  y la verdad valió la pena esa inversión de tiempo, sí, porque es la inversión que hacemos en alimento para el alma, es el colágeno de la mente, ese que revitaliza las emociones cuando se participa como Dios manda en un evento en donde el relato entretiene, nos transporta y estremece los recuerdos recientes y pretéritos, el expositor estuvo a la altura de las circunstancias, las bebidas como siempre embriagantes así fuera sin alcohol y la comida a pedir de boca. Fue una velada fantástica, todas las intervenciones afortunadas, los tangos me notificaron allí que también son de buen recibo por mi oído agrario y sabedor de yuca, me sentí como ‘Palle’ Medina, ‘ancho, legal y completo’, bien atendido, rodeado de los buenos amigos, de esos que no cambian dependiendo qué puesto tiene la gente y el gozo fue colectivo y en familia.

Mientras allí estábamos, tomando unas cervecitas y comiendo prójimo, a medida que Gustavo se explayaba en su relato expositivo, vino a mi mente un hombre cuya ausencia nunca dejará de lamentar La Guajira y la música vallenata, Romualdo Brito López. Es que definitivamente entre él y Gardel hay una serie de elementos que nos alimentan la íntima convicción que a los dos la inspiración los ilumina, los tiempos los pone a cada uno cuando toca y las tragedias los juntan.

Ya habíamos comentado del epónimo hijo de Tomarrazón  que además de buen amigo, excelente compositor, y afinado para cantar, sin haber tenido una voz prodigiosa, también fue leal a sus usos y costumbres pueblerinas, amaba entrañablemente a su terruño y su familia, de la cual decía que gracias a sus oraciones el diablo no se lo había llevado desde hacía mucho tiempo; su grandeza musical y sus triunfos como autor de obras imperecederas, sin perder el norte, ni la cabeza ni su humildad, muchas veces confundida con la corronchera, porque era un hombre autentico y de creaciones autóctonas, motivos suficientes para que se constituyera en ejemplo para las nuevas generaciones, por eso, se constituyó a pulso y sin aspavientos, en referente moral de nuestros pueblos del sur de Riohacha, sus consideraciones, el aprecio y la admiración  de sus conciudadanos dan cuenta de su talante existencial, repito lo manifestado en crónica anterior, Dios quedó especialmente  complacido porque el fatídico 20 de noviembre de 2020  alojó en sus aposentos una alma buena, virtuosa y vertical, que predicó con el ejemplo y dejó una huella indeleble de piedad y de solidaridad en este mundo terrenal donde la gente buena lo sigue extrañando, el vacío que dejó nadie lo podrá llenar, su estilo es una marca y la franquicia jacarandosa de su forma de componer se la llevó a la tumba.

Al descender en el análisis de su vida y su confrontación de la vida de Carlos Gardel encontramos unas extrañas pero sorprendentes coincidencias. Espero que mis lectores estén de acuerdo conmigo. En primer lugar, ninguno de los dos nació en cuna de oro, el primero, hijo de una planchadora de sábanas ajenas, y el padre del segundo un humilde trabajador del campo, de esas dos gentes que si no trabajaban no comían.

También nos llama la atención que con dos compartían un nombre, El segundo nombre de Carlos Gardel era Romualdo, en castellano puro, y el primero del treintero era el mismo. Pero las coincidencias siguen porque los dos fueron al mismo tiempo cantantes y compositores, es decir que cantaban y silbaban al mismo tiempo, en el campo del amor también es muy oportuno recordar que la novia eterna de Gardel era Isabel y aquí en La Guajira a quienes llevan ese nombre las llamamos ‘Chave’ Del Valle y resulta que Romualdo también tuvo su ‘Chave’ Guerra.

Vuelve el perro y jala el cuero porque se dice por sus biógrafos que el apellido con el cual fue registrado  el inolvidable cantante de tangos fue ‘Gardés’ y adoptó como nombre artístico por ser más sonoro y comercial el de ‘Gardel’, del mismo modo Romualdo, el nuestro, también se hizo famoso en la industria del espectáculo y en los festivales cuando los concursantes se identificaban con seudónimo, él lo hizo como ‘Robrilo’, así lo anunciaban en sus presentaciones y en la radio donde sus canciones han sido y siguen siendo recurrentes.

La música de Gardel tuvo trascendencia y la sigue teniendo en países distintos del suyo, prueba de ello es que su música es tendencia en este momento en varios países de la antigua cortina de hierro, también hay que tener presente que la de Romualdo, de la misma manera ha tenido trascendencia internacional, de ello da cuenta la grabación de ‘El marimbero’ que hizo el Inquieto anacobero Daniel Santos y la incluyó en 1981 en el LP ‘La charanga vallenata’.

Finalmente cerramos este rosario de coincidencias con las circunstancias en que los dos baluartes de la música murieron, los dos se fueron en la plenitud de su primavera musical, el hombre del tango al chocar su avión mientras carreteaba con otro que estaba estacionado, y el Rey de las canciones jacarandosas al salirse de la carretera y chocar su vehículo con un árbol fatal, ni el uno pudo llegar a Cali, ni el otro lo pudo hacer a Bogotá, Carlos Romualdo a los 44 años y Romualdo a los 67, asimismo, con su partida para el cielo no se produjo su muerte sino que iniciaron la inmortalidad, solo morirán cuando los paisas dejen de bailar y cantar sus tangos, y las cabecitas locas, la parranda, el ron y las mujeres dejen de existir y eso es imposible.

La ñapa es esta: se dice que Gardel nació en Francia, donde está la Torre Eiffel y Romualdo vio por primera vez la luz y bautizado ante los ojos de ‘La Purísima Concepción’ en Treinta, en donde había una grandísima torre de un molino de viento.

“Ese amor que me muestra ‘Chave’ ese amor parece un embrollito, cuando llego ella empieza a mirarme para ver si encuentra un detallito; si me río dice que es picardía y si estoy bravo es huyendo al reclamo”. Canción ‘La gotera’ de la autoría de ‘Robrilo’.

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