Los resultados de Misión La Guajira, que dan cuenta del mejoramiento de las condiciones de vida de más de 21.500 personas en 81 comunidades wayuú de los municipios de Manaure y Uribia, es un claro ejemplo del trabajo público-privado.
De esa manera se recupera la confianza de las comunidades en las instituciones, porque además se llega con soluciones concertadas con quienes viven en los territorios.
Si bien se reconoce todo el trabajo realizado por Misión La Guajira, en llevar soluciones en el sector de agua potable, seguridad alimentaria y energía, es ahora indispensable tener claro cómo se mantienen en el tiempo.
El presidente de la Junta Directiva del grupo Aval, Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez, reconoció que para implementar Misión La Guajira, lo más difícil fue aprender a callar y a escuchar, cuando entendieron eso todo fluyó.
La confianza es fundamental para que las iniciativas generen el resultado que se pretende, como en este caso, elevar la calidad de vida de cientos de familias wayuú ubicadas en zonas apartadas.
En las soluciones de agua potable se beneficiaron 52 comunidades con 39 pozos recuperados, 2 pozos construidos y 21 plantas potabilizadoras, que representan a 1.900 familias en aproximadamente 13.000 personas.
En soluciones de energía, se benefician 2.300 familias en 81 comunidades por los sistemas de energía solar implementados, además se instalaron los sistemas de energía comunitarios en el 100% de las 81 comunidades.
En seguridad alimentaria, el Gobierno nacional logró un 100% de entrega de insumos para las huertas y de elementos para promover hábitos y estilos de vida saludables, beneficiando alrededor de 2.450 hogares, al tiempo que se inició la instalación de huertas comunitarias en 51 comunidades.
Los esfuerzos del grupo Aval, Promigas, el Gobierno nacional con el apoyo de Prisa Media-La W Radio, que pusieron en marcha Misión La Guajira, se recompensan con la alegría que se observa en el rostro de las familias wayuú, porque ya no tienen que caminar largos trayectos en busca de un poco de agua potable para saciar la sed.
Hoy esas familias wayuú, tienen la inmensa responsabilidad de cuidar cada iniciativa, para demostrar que sí es posible que los niños y niñas no mueran por desnutrición y para gozar de un mejor bienestar en medio del desierto.