Este año el Festival Nacional de compositores de San Juan del Cesar se hará en honor a dos grandes: ‘Juancho’ Rois, el inmortal de nuestra música y a Silvestre Dangond, el general del vallenato, ganador del Grammy Latino en la versión cumbia vallenato. Que bien por el Festival Nacional de Compositores y su presidente Álvaro Alcides Álvarez, quien ha colocado este Festival en la cima del vallenato. 30 años de la ausencia del ‘Fuete del acordeón’ y parece que fue ayer. Cómo pasa el tiempo, pero el pueblo sanjuanero no lo olvida, al contrario, lo recuerdan a cada momento y uno de sus amigos como lo fue Álvaro Álvarez, lo recuerda siempre a través de su cuenta en Instagram mantiene al pueblo sanjuanero y al mundo vallenato informado de lo grande que fue ‘Juancho’. En 30 años han pasado muchas cosas: su hijo es un destacado dirigente político de las nuevas generaciones en su tierra sabanera, su mamá lo continúa llorando, muchos de sus amigos también han partido pero lo que permanece intacto es su música que dejó para la posteridad y que no se olvida, al contrario se muestra más vigente en todos los escenarios y en varios de sus seguidores que la vislumbran en su arte musical. ‘Juancho’ Rois no muere, está más vivo que nunca y en diciembre se sentirá en lontananza en el Festival Nacional de Compositores en una renovada Plaza Santander lograda por su primo, el exgobernador Nemesio Rois. Que viva ‘Juancho’ Rois en su grandeza musical.
Ese 21 de noviembre de 1994, es una fecha que marcó a los amantes del vallenato para siempre. Ese día murió trágicamente uno de los grandes del folclor: Juan Humberto Rois Zúñiga o para la farándula ‘Juancho’ Rois, creador de una escuela musical exitosa y uno de los más virtuosos intérpretes del acordeón. Murió en la cúspide de su carrera musical, en la cima estaba con su compañero Diomedes Díaz y ambos se constituían en los reyes de la melodía.
Ese 21 de noviembre de 1994 fue una fecha lastimera y triste para siempre en los amantes del folclor de la música que ha revolucionado al mundo con sus sueños y quimeras. Todavía retumba en la memoria cuando ‘Juancho’ iba a cumplir un compromiso extra con el teniente José Gutiérrez, exintegrante de la Guardia Nacional de Venezuela y con quien lo unía una gran amistad. A las 5:30 de la tarde de aquel 21 de noviembre, ‘Juancho’ y cuatro integrantes de su conjunto (el bajista Rangel Torres, el cajero Tito Castilla, el guacharaquero Jesualdo Ustariz y el técnico de acordeones Eudes Granados) abordaron en el aeropuerto de Maiquetía de la capital venezolana, la avioneta Cessna Piper YV-628P, rumbo a la localidad de El Tigre, estado Anzoátegui, donde los esperaban el teniente Gutiérrez, los invitados y el cantante Enaldo Barrera, ‘Diomedito’, quien iba a remplazar a Diomedes Díaz, ya que el cacique se quedó en el hotel Caracas Hilton.
Ese día presagiaba lo malo que iba a ocurrir: estaba lloviendo, las luces del aeropuerto estaban apagadas y producto de ello vino la confusión del piloto de la avioneta y la tragedia inminente que el mundo conoció en la madrugada del 22 de noviembre de 1994. Se salvaron de morir milagrosamente Tito Castilla y Jesualdo Ustariz. Cuando la noticia llegó a Colombia y específicamente a San Juan del Cesar, su madre Dalia Zúñiga (la hija de Jacinto Vega ), entró en shock y que hoy 29 años después continua con ese dolor en el alma que le adormece el corazón y las lágrimas brotan como ríos de agua viva y todos los recuerdos de ‘Juancho’ vienen a su mente y es cuando llega al cuarto de los recuerdos, una habitación en su casa que guarda todo como si estuviera vivo de lo que su hijo fue en vida: fotos de todos sus álbumes musicales, de su matrimonio con el amor de su vida, de sus amigos, especialmente del Combo de la Flotica, de ‘Juancho’ con su hermano José Gregorio, quien ya ha fallecido. Siempre lo recordamos como integrante del extraordinario programa radial de Cardenal Estéreo ‘La polémica vallenata’ y álbumes de fotos de todo su recorrido musical. A José Gregorio también lo llevamos siempre en nuestra memoria.
En su casa se encuentra la estatua del ídolo de la música vallenata, estilo vaquero como le gustaba vestir a él, con camisa a cuadros, pantalón gris y zapatos marrones- en su pecho el amuleto de oro que siempre lo acompañó, bigote bien pulido y su cabellera sobre los hombros y sus colmillos que le ganó el adjetivo de ‘El conejo ‘Juancho’ Rois”. Y allí siempre la mirada triste recorre el tiempo de los recuerdos de su adorado hijo. A quien nunca olvida y siempre mantiene presente en los sentimientos y en su corazón martirizado por la tragedia de ese día y de ese año fatídico.