El asesinato en el municipio de Maicao de dos jóvenes wayuú, lamentado y repudiado por los habitantes de La Guajira es un campanazo de alerta para esa etnia que con el tiempo está dejando de usar herramientas propias como la figura del palabrero para dirimir sus conflictos.
El robo de unos animales al padre de las dos jóvenes, y quien reclamó a los que cometieron la falta, también wayuú, generó una serie de amenazas que terminó en una tragedia familiar al ser asesinadas cuando se interpusieron en defensa de su progenitor.
Es entonces urgente que los palabreros que ostentan esa dignidad se muevan alrededor de los conflictos que se están presentando entre las familias wayuú para estimular en ellos el uso de la palabra para solucionarlos.
Los palabreros no solo están para servir de puente con las empresas que llegan al territorio a montar diversos proyectos, ellos deben estar más cerca de su gente para con el ejemplo hacerles ver del valor que representan para solucionar los problemas que puedan presentarse por diversas circunstancias.
Atentar contra las mujeres y los niños es una afrenta en la cultura wayuú, por eso el repudio por el asesinato de estas dos jóvenes hermanas, en una situación que bien pudo evitarse si se hubiese hecho uso de la palabra.
El Sistema Normativo Wayuu aplicado por los Pütchipü´üi (Palabreros), fue declarado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco, que en su momento argumentó que comprende un conjunto de principios, procedimientos y ritos que rigen la conducta social y espiritual de la comunidad, inspirado en principios de compensación y reparación.
El sistema es aplicado por esa figura reconocida como el palabrero experimentado en la solución de conflictos y desavenencias entre los clanes matrilineales de los wayuú.
Esas y otras razones más deben ser recogidas nuevamente por todas las familias wayuú para que reconozcan al palabrero como la autoridad sabia que recae en tíos maternos, y que se reconocen por sus virtudes en el plano ético y moral.