En un reciente discurso del presidente Gustavo Petro en el Palacio de La Moneda en Chile evocó el Golpe de Estado en contra del mandatario Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, expresando el jefe del Estado colombiano que Allende había sido el primer presidente de izquierda elegido en Latinoamérica.
Lo cual no es cierto, porque desde hace 200 años en diferentes naciones de la región han sido elegidos varios presidentes de esa corriente, lo que pasa es que Petro estima que izquierda y marxismo significan lo mismo, cuando históricamente en muchas ocasiones se han encontrado en las antípodas, debido a que el término izquierda se originó en la Revolución Francesa, que fue mucho antes de que aparecieran los dogmas marxistas que eran seguidos por Salvador Allende.
En su discurso, Gustavo Petro olvidó que el Golpe de Estado en Chile respondió a la ‘Guerra Fría’ entre EE.UU. y la URSS; de la misma manera que la Unión Soviética apoyó a los comunistas en Vietnam para que expulsaran y derrotaran a los gringos por esas mismas calendas; así que frente a la ‘Guerra Fría’ no hay lugar para romanticismos o nostalgias, dado que los países atrasados y dependientes como ocurría con los de Latinoamérica eran tomados de comodines, buscando con ello las superpotencias consolidar su hegemonismo.
Como parte de la ‘Guerra Fría’, la Unión Soviética también agredió a naciones débiles, tales fueron los casos de Hungría en 1956, Checoeslovaquia 1968, Afganistán en 1979, a lo que se debe agregar el envío de mercenarios cubanos al África en la década de los setenta del siglo pasado, para proteger los intereses del Imperio soviético; amén de que Moscú en varias partes de la Tierra, en su enfrentamiento geopolítico con Washington, expolió a varios pueblos; pero desde luego no se puede exculpar a USA que contribuyó a derrocar gobiernos que no eran afectos a sus intereses estratégicos. Aunque indiscutiblemente, el Golpe de Estado en Chile en 1973, respaldado por el gobierno norteamericano fue en el contexto de la ‘Guerra Fría’ entre la Unión Soviética y EE.UU., en donde además existía el descontento ciudadano frente al gobierno de la Unidad Popular.
Con la exaltación de Gustavo Petro a Allende se demuestra que no oculta su admiración por los comunistas, que toman la historia como venganza o ajuste de cuentas; porque no se puede olvidar el papel divisionista que jugó el mandatario chileno en Latinoamérica en plena ‘Guerra Fría’; aunque siempre los demócratas han condenado el golpe de Augusto Pinochet, pero que a estas horas de la vida, Petro venga a tomar partido después de casi 50 años por la URSS, es un despropósito, pues ese imperio se disolvió hace más de 31 años y no se puede ser prisionero del pasado.
Allende, icono de Petro, logró ser presidente de Chile en 1970, gracias a la ambivalencia de la Democracia Cristiana, partido político cuyos dirigentes se pudieron haber asustado con los fetiches comunistas del materialismo histórico y la inevitabilidad, entonces buscaron congraciarse con los “dueños del futuro de la humanidad”.
El gobierno de Allende fue una calamidad para el país austral, en donde el dictador cubano Fidel Castro era su principal asesor para convertir a Chile en otro santuario de la URSS en contra de USA, a lo que se debe agregar que Allende apoyó siempre a los grupos armados en el continente, caso concreto, la protección que le dio siendo senador a los guerrilleros que sobrevivieron y que acompañaron al ‘Che’ Guevara a Bolivia en 1967.
No hay que hacer mucho esfuerzo intelectual para saber que el presidente Gustavo Petro fundamenta su discurso en el libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) titulado ‘Las venas abiertas de América Latina’, pero el doctor Petro, de pronto ignora que el ensayista renegó de su escrito en la Bienal del Libro de Brasilia, en abril de 2014, y dijo que no volvería a leer el ensayo, porque lo consideraba pesadísimo, indicando que fue escrito, sin conocer debidamente sobre economía política, además agregó: “esa prosa de la izquierda tradicional es pésima”.
En 1971 apareció el libro antes mencionado, que por la complejidad que vivía la región en ese entonces, con conflictos sociopolíticos en diferentes países, no tardó en convertirse en fuente de inspiración para la llamada izquierda, debido a que desde puntos de vista fatalistas, miserabilistas y revanchistas, ahí estaba ‘la Biblia’ de la región que respondía a las inquietudes y tragedias ocurridas desde hace más 500 años, partiendo del sur del río Bravo hasta la Patagonia, haciendo taxativamente un llamado a la venganza histórica y convirtiéndose el ensayo de Eduardo Galeano en un apéndice del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, escrito en 1848.
La llamada izquierda latinoamericana se hizo la de la ‘vista gorda’ ante los pronunciamientos de Galeano en La Bienal de Brasilia, y nunca ha dicho nada serio, buscando explicar la cuestión desde una mirada únicamente literaria, pero la cosa tiene más fondo, porque no solo Petro toma el ensayo de regla infalible para su discurso, sino que también hay que recordar que es tan significativa la obra para el marxismo-leninismo, que Hugo Chávez, a la sazón presidente de Venezuela, le regaló un ejemplar al mandatario estadounidense Barack Obama en la Quinta Cumbre de las Américas, realizada en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago en abril de 2009, lo que demuestra la importancia que le dan al ensayo los seguidores del socialismo del siglo XXl, quienes reciclaron los desechos del comunismo totalitario, repudiados en Europa con la caída del muro de Berlín, para implementarlos en nuestras naciones.








