Lo que está sucediendo con cada opinión, afirmación o comentario que haga Petro evoca la época en que íbamos a un cumpleaños en cualquiera de nuestros pueblos y cuyo momento más anhelado consistía en romper a golpes una especie de tinaja u objeto semejante, repleto de juguetes, y una vez roto el recipiente; aquellos caían esparcidos en el salón donde ávidos mozalbetes intentábamos atrapar el mayor número posible de juguetes. La suerte dependía de nuestra habilidad para captar la mayor cantidad.
Algo similar ocurre con Petro, con cada ocasión que emite una opinión, líderes gremiales, precandidatos y miembros de partidos tradicionales y principalmente la extrema derecha le cae a “palos” para capturar de esa piñata, del borbotón de ideas, el mayor número posible de errores en sus afirmaciones. Más de las veces quedan frustrados, les sale el tiro por la culata. Donde aspiran o creen encontrar, un desliz, un despropósito argumentativo se tropiezan con contundentes y acertadas respuestas, pletóricas de juicio, conocimiento e información que revelan un candidato actualizado, solido en la comprensión de temas claves de la coyuntura y la modernidad. La tergiversación, mala interpretación o exageración por parte de los aludidos atrás, son lugares comunes. El Toconpetro les está resultando un bumerang.
La última arremetida tiene que ver con sus aseveraciones en torno al futuro de la actividad petrolífera en Colombia. Adversarios políticos, dirigentes gremiales, salieron como en Fuente Ovejuna, todos a una, a ripostar en coro, basados en la retahíla de desviaciones o interpretaciones acomodadas, distorsionadoras de lo que realmente quiso exponer el candidato de la Colombia Humana. En entrevista realizada en BLU Radio, apeló con sabiduría, datos y certezas, y aclaró el auténtico significado de su afirmación. Como es usual en él, dio cátedra en el tema.
Petro no hizo más que prevenir, advertir y sintonizarse con tendencias mundiales respecto a los enormes peligros que entraña para la humanidad persistir en la exploración y uso de combustibles fósiles. Avaladas no solo por tres millares de los principales expertos mundiales en el asunto, sino también por prominentes líderes, ratificadas en reciente cumbre sobre cambio climático realizada en Glasgow. Entre varias aclaraciones a las tergiversaciones se refirió a diferencias entre exploración, y extracción, desbarató la deliberada y torticera estrategia sobrecargada de mala fe, de sus oponentes. Magistralmente explicó la urgencia de modificar la Matriz Energética mundial y por supuesto la colombiana. Jamás dijo como se quiere interpretar que, al día siguiente de su posesión suspendería exportaciones de petróleo.
Enfatizó la necesidad de abandonar a la mayor brevedad posible los combustibles fósiles. Refutó mediante la perentoriedad de modificar la Matriz Energética local, la tesis de la caída de divisas, propuso la opción de incrementar exportaciones de hidrocarburos. El excedente de petróleo ahorrado por disminución del consumo interno como consecuencia de un mayor uso de energías renovables no convencionales producidas internamente, supliría satisfactoriamente la generación de divisas por concepto de exportación de hidrocarburos.
Controvirtió certeramente la manida teoría de la escasa contribución de Colombia a la emisión de gases de efecto invernadero. La circunstancia de ser Colombia primer extractor latinoamericano de carbón y sexto mundial, y en la medida que ese carbón se exporta casi en su totalidad para ser transformado en energía en plantas térmicas de países compradores, implica transferirles la emisión de dióxido de carbono y otros gases contaminantes.







