En el año 2006 el poeta Víctor Bravo Mendoza que venía de ser presidente del Consejo Nacional de Literatura y fundador de la red de escritura creativa del Ministerio de Cultura, en ese entonces conocida como ‘Relata’, incorpora a la red el taller que había fundado en 1999, como abrevadero y espacio potenciador de nuevas voces de la literatura regional.
Constituía un desafío en una región en la que no se consiguen librerías y escasean los lectores. No obstante, su tenacidad contra todo vestigio insuflada por su Sentencia liminar de nombrar a La Guajira, hoy cumple dos décadas de hacer parte de ‘Relata’, como símbolo de persistencia y desde luego, resistencia.
El taller Cantos de Juya es un espacio de formación literaria continua que ha trabajado los géneros narrativos de cuento, novela y crónica. Proponiendo a la historia del libro regional cuatro antologías de cuento y una de crónicas; los miembros del taller han tenido oportunidad de ser seleccionados para participar con sus escritos en las antologías nacionales promovidas anualmente por ‘Relata’, destacando su voz en el coro de estéticas que subyacen de los rincones de Colombia.
Estercilia Simanca, Vicenta Siosi, Alejandro Ruto, Pedro Rosado, Caridad Brito, Sandy Sierra, Betsy Barros y un amplio espectro de talentos han transitado por la metodología del taller, auspiciados y estimulados por la experiencia de su director, en la alquimia del pensamiento colectivo y la lectura compartida, que enriquece, fortalece y madura todo proceso escritor; como bien lo expresaba su fundador en la presentación de la antología 2009 “es la continuación de una búsqueda para seguir consolidando un clásico sol sin sombras para La Guajira toda”.
Desde el año anterior he asumido la dirección del taller Cantos de Juya, con la intención de sostener un legado que se me ha confiado, con las dificultades de los presupuestos públicos escondidos; obligados por Ley a estimular y promover procesos culturales y de gestión, pero que se pierden en el galimatías de los favorecimientos, en los caprichos particulares y en las fórmulas de Melquiades.
Sin embargo, agradezco la hospitalidad del área cultural del Banco de la República en donde nos encontramos los sábados cada 15 días, al Fondo Mixto, Corpoguajira, Nesagaviria y Tejedora de sueños por su decisión de pautar un apoyo, lo que ha hecho posible la edición y publicación de nuestra primera antología de crónicas ‘Riohacha Relatada’.
Este producto del taller es la única obra literaria pensada para la conmemoración de los 480 años de la ciudad capital y paradójicamente, no ha hecho méritos para recibir ningún apoyo o estímulo de la Dirección de Cultura Distrital. Diez crónicas que recogen y recorren la esencia de lo rural, las complejidades de lo urbano, los problemas intrínsecos, culturales y sociales, los rezagos, los testimonios de resistencia, la historicidad de sus calles, lugares sagrados y barrios; una muestra etnográfica y cultural de la ciudad región que nos habita, narrada desde adentro, reconociendo su fisonomía plural y diversa.
La antología que presentamos a la sociedad para su lectura y debate reclama un escenario imprescindible para pensar la ciudad y la región, para confrontar sus imaginarios y para develar el busto de narrativas ancladas en la conciencia colectiva como retardantes o aceleradoras del desarrollo. Su lanzamiento tendrá lugar el 23 de abril en un sector del barrio Libertador conocido como ‘El Chiquero’, sitio narrado en una de las crónicas con su particular tradición de apodos, anécdotas, personajes, costumbres y festejos.
Este año, en la conmemoración de las dos décadas del taller iniciamos una gesta para seguir escribiendo y reescribiendo la historia de la región dirigiendo la mirada a hechos históricos que hayan marcado a La Guajira influyendo en su fotografía actual.
Cantos de Juya celebra la palabra y la historia como proceso de animación escritora, de proponer la literatura como acontecimiento consuetudinario, controvirtiendo el sesgo tradicional de la creación literaria vista al margen de lo cotidiano y popular e interpelando a Cortázar cuando afirmaba que lo básico para hacer literatura es la imaginación.








