El exsenador Uribe, nos decía desde el año anterior que debemos tener mucho cuidado con el año 2022, titulando su expectativa “ojo con el 22”, de cara a las próximas elecciones presidenciales que se llevarán a cabo para primera vuelta en mayo de 2022 y las elecciones de Congreso que se producirán en marzo próximo. La treta de inventar un enemigo o un problema y plantearse como única solución posible, esta vez hace aguas, la ausencia de las Farc como centro de discusión y el interés de la sociedad por una economía saludable hace del panorama político un campo distinto al de contiendas políticas anteriores.
Ya en columnas previas me he referido a la necesidad imperiosa que tiene Colombia de elegir un gobierno de transición que nos permita avanzar en una reconciliación inaplazable. Sin embargo, el refrán popular nos recuerda que “una sola golondrina no hace verano”, por eso para lograr verdaderos cambios estructurales en nuestro país debemos pensar no sólo en el próximo presidente, sino en quienes serán nuestros próximos legisladores.
Está comprobado, que a nuestros actuales congresistas no les importa el deseo de los ciudadanos, no defienden causas populares, sino que muchos representan intereses de distintos sectores productivos y otros únicamente son piñones de las grandes maquinarias políticas de este país. Muestra de ello fue la sesión de moción de censura a la ministra de las TIC, Karen Abudinen, la cual se hundió aún a pesar de la costosa falla de la ministra, quien en días anteriores renunció en plena hora de partido de nuestra selección, para huir de manera silenciosa a un desgaste político insostenible.
Tenemos que empezar como electores a pensar cuales son las mejores opciones dentro de la baraja de candidatos que se vendrán en el tarjetón para Senado y Cámara de Representantes. Como de costumbre encontraremos a los mismos delfines de barones políticos de distintas regiones de nuestro país, muchos de estos emparentados con condenados, que lo único que persiguen es continuar con el legado de sus familiares. Tal como nos lo demostró el joven Richard Aguilar, hijo del condenado por parapolítica Hugo Aguilar, quien está siendo investigado por la presunta comisión de los delitos de contrato sin cumplimiento de requisitos, interés en la celebración de contratos, concierto para delinquir y peculado por apropiación.
El llamado es claro, tenemos que apuntarle a líderes sociales, a verdaderos promotores de cambio, que hagan más fácil a nuestro próximo presidente, ejecutar un plan de desarrollo ajustado a intereses colectivos y no a particulares casos de negocio. Necesitamos un Congreso que dentro de la división tridimensional de poderes donde se soporta nuestro estado, sea contrapeso popular y hacedor de leyes alineadas a nuestras necesidades. Es urgente un congreso que reviva el verdadero significado de la responsabilidad política, que tenga los pantalones necesarios para hacer de la moción de censura una herramienta efectiva.
Al final, no es que los colombianos les guste la receta de ministro al horno, como irónicamente lo propone nuestro presidente, lo que requerimos es tener en el gobierno, líderes que representen los intereses de una sociedad caldeada que exige cambio, y no una horda de personajillos políticos que a punta de amiguismos intentan cooptar el poder.







