El ambiente político está enrarecido, altamente polarizado, embutido en celos, enojos y fraccionamientos internos entre aspirantes a la candidatura presidencial por constantes confrontaciones, insultos y agresiones verbales que exacerban odios, de lo cual nada bueno se puede esperar en la rutina cotidiana de malquerencia, que terminan en divisiones y tragedias originadas por discordias y conflictos permanentes, reflejados en medios de comunicación y redes sociales, comportamientos de incivilización o falta de educación de quienes dirigen y lideran manejos politiqueros y bodegas de influencer, que carecen de principios y se consideran por encima de los fundamentos y sentidos democráticos.
La democracia radica en la soberanía popular, no en ninguna persona en particular, como quieren atribuirla en condición de propiedad privada para asumir mandatos y poderes de manera vitalicia relacionándola equivocadamente como democracia cuando resulta ser todo lo contrario. Atornillarse y perpetuarse en un Gobierno o poder es antidemocrático.
La democracia no es subjetiva sino objetiva, evolutiva, rotativa, dinámica e indiscriminada; donde todos tenemos la misma igualdad de derechos y oportunidades, para representar, gobernar o ejercer en condición de autoridad institucional. Muchos malinterpretan el término democracia, acomodándolo a beneficios de conveniencias, ni siquiera en favor del partido o movimiento político del que hace parte, sino del círculo familiar y personal, como amo y señor, desfasando el engranaje y metodología de la participación popular incluyente. En campañas los aspirantes a listas y candidatos a Presidencia, gobernaciones y alcaldías, viven recalcando en especulaciones que vociferan refiriéndose a democracias cuando transitan y circulan en contravía de la misma, engañando a quienes los escuchan.
La peor desgracia de la democracia es la práctica constante de la corrupción que corroe, apolillan y desaparecen patrimonio, erario público y todo que se atraviese sin consideración alguna, constituyendo el factor común para quienes son elegidos con votos comprados que persiguen recuperar la inversión ilícita con buena rentabilidad apropiándose de los derechos colectivos y generales que deben distribuirse equitativamente en la colectividad que resultan perjudicadas pero siguen insistiendo de vender el voto a los verdugos que le roban sus derechos y los tienen viviendo en inclemencia y miseria.
El asesinato del senador y aspirante a la Presidencia de la República candidatizado por el Partido Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay, lo tomarán como bandera para la campaña política de reivindicación de Gobierno. Además, no faltarán discusiones y burlas, por la revocatoria de libertad del expresidente Álvaro Uribe Vélez sobre detención domiciliaria, incrementando polarización y enfrentamientos radicales: confrontaciones, insultos, vulgaridades, agresiones, calumnias, epítetos y toda clase de expresiones, desinformaciones y manifestaciones desastrosas de fanáticos: inducidos, aturdidos y desadaptados; utilizado para atentar en condición de sicario moral.
Los acuerdos suscritos por el presidente Gustavo Petro con el presidente de Venezuela, Nicolas Maduro sin formalidad legal, omitiendo el trámite que debe surtirse en el Congreso sobre convenios fronterizos, conjuntamente con las negativas de mayorías de congresistas en aprobaciones de proyectos de leyes y concesiones de facultades y atribuciones al presidente, por disposición constitucional, atormentarán y sacarán de casilla al presidente Petro. De igual forma, tendrá contradicciones y desafíos, con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También divergencias por delimitaciones territoriales con Perú, en la Amazonía, que debe dirimirse por vía diplomática.
La ‘Paz Total’ que, hasta ahora ha sido un fracaso, beneficia la liberación de comandantes en organizaciones guerrilleras, paramilitares, bacrines y delincuencia común; utilizada para congelar persecución, protegerse con salvoconducto, rearmarse y diseñar fechorías, extendiendo extorsiones, desplazamientos forzados y reclutamiento de menores; sin mostrar ninguna intención de dejar las armas y consolidar la paz.
De otro lado vendrían bloqueos de proyectos de reforma tributaria y salud, negativa de aprobar el monto del presupuesto para la vigencia 2026, investigaciones penales contra exfuncionarios y servidores públicos implicados en corrupción y entramados irregulares e ilícitos o delictivos, pendiente de flotar como burbujas que alterarán los sentimientos emotivos y odiosos. Saldrán a relucir operaciones de dos bandas, izquierda y derecha, disputándose la elección de la Presidencia de la República de Colombia.
Rencillas y revanchismo entre rivalidades ideológicas y tendenciosas, encienden tormenta de alta tensión con grave peligro de proliferación de violencia sin controles de protección que deben garantizar, para prevenir, que continúe la racha de asesinatos en oscuras circunstancias, alterando el orden público, inculcando e infundiendo terror mediático y miedo, con intimidaciones, constreñimientos y amenazas; para ejercer dominio de sometimientos.
En algunos lugares del territorio nacional limitan participaciones de candidaturas no autorizadas prohibiendo visitas de candidatos, diferentes a las avaladas por organizaciones criminales que obligan a los habitantes sometidos y comprados, a votar por quienes les ordenen los comandantes de localidades, sin excusa alguna, para no obedecer.
Cualquiera de las dos tendencias polarizadoras, izquierda o derecha, que ganen la Presidencia, sería lo mismo de fatal, propicio a extender y alargar: violencia, terror, zozobra, sosiego y pánico; perdiendo el tiempo en tóxicas confrontaciones, enraizando prácticas de persecuciones y corrupción sin resolver los problemas y las crisis que está padeciendo la nación, ocasionada por desfases de inconsistencias, atolondramientos, incoherencias de manejos, discriminaciones participativas y alianzas con organizaciones al margen de la Ley, para que infundan miedos y complazcan con favores malhechores y criminales para obstruir acciones y operaciones impuestas de formas autoritarias y absoluta.
Lo más recomendable para no continuar en agonía es elegir un presidente que no corresponda directamente o provenga de las tendencias izquierda o derecha, que actúan de la misma manera: radical, sectarias, temerarias y caprichosas. Ni socialismo, ni políticas neoliberales. Elijamos una corriente diferente de los aludidos, con la finalidad de neutralizar la polarización, resolver múltiples problemas heredados y aperturar espacios de entendimientos, diálogos y participación; con todos los sectores y organizaciones políticas que contribuyan a mejorar el ambiente político-social de manera respetuosa y positiva para alinearse a direccionamientos que se proyecten a pacificar los espíritus alocados, aturdidos, agrestes y violentos; garantizar seguridad de orden público, rurales y urbano; como también en operaciones y funciones, administrativas.
Las corrientes polarizantes persiguen la misma finalidad implícita en la corrupción, con diferentes máscaras, en perjuicio de los intereses generales que a todos nos corresponden, terminan apropiándose en gobiernos insoportables que han causado graves daños y perjuicios a la nación con endeudamientos y eternas obligaciones originadas por diversas causas y motivos.
No debemos resignarnos a estar atados a dos corrientes controversiales y anárquicas. Liberémonos de la polarización, en honor a la soberanía popular, con oportunidad de apartarnos de lo que no sirve. En democracia todos somos iguales, para gobernar, representar y defender la territorialidad, derechos humanos y ambientales, sin existir exclusividad ni distinciones de superioridad en favor y beneficio particular. La solución a los problemas políticos de Colombia esta a cargo de los electores, opcionado a erradicar la polarización o habituarse a seguir aguantando los males que nos atormentan y mortifican, apoyando a una de las dos bandas o bandos que polarizan la política en Colombia.







