Las candidaturas deben estar motivadas con los colores de los partidos.
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Cuando estamos a un año para renovar por elección popular el periodo de alcaldes y gobernadores, conjuntamente con diputados, concejales y ediles de comunas, comienzan a perfilar y brotar como burbujas, los aspirantes a candidaturas e integración de listas. Por inexistencia de directorios partidistas, departamentales, municipales, ni sedes políticas, impera la rueda suelta, por cuya ausencia se esparcen las bases conformadas por ciudadanos que constituyen una columna de sostén de partidos, organizaciones y movimientos políticos. Se inician con diálogos personales, charlas grupales, visitas y después, invitaciones a reuniones de acercamientos, acomodo y oferta de apoyos a su candidatura. No es lo mismo estar alineado a estatutos y directrices de una organización política, con directivas estatutarias, es decir que haya sido elegida en asamblea general entre los integrantes de partidos, que estar sujeto al vaivén individualista, generando reacciones dispersas que desengranan.
Muchos de los aspirantes renunciaron a finales del mes de julio, dentro del término de un año previo a la inscripción de candidatos a alcaldes y gobernadores para no inhabilitarse, igualmente ocurre con los que integran listas cuyos miembros también están sujetos a inhabilidades e incompatibilidades, de las cuales deben prevenirse para no terminar demandados, si tienen la suerte de resultar elegidos.
Los partidos políticos con personería jurídica tienen la facultad de avalar candidaturas y listas, como también la tienen los grupos significativos de ciudadanos, amparados con un determinado número de firmas validadas por la Registraduría General del Estado Civil. Las listas pueden inscribirse para votación de manera cerrada o abierta con votos preferentes. En la cerrada, se elige de acuerdo al orden descendente, partiendo de quien encabece la lista cuando logren coronar el umbral.
En las listas por votos preferentes, cada miembro tiene que jugársela individualmente en competencia con los demás compañeros que conforman la lista, buscando recaudar el mayor número de votos para aventajar a los demás y ganar la curul en cifras repartidoras. Después de superar el umbral, los que ganan curules en listas abiertas, son aquellos que más votos compran originándose elecciones ilícitas, antidemocráticas, que pasan en nuestro sistema como si nada a diferencia de la lista cerrada, que legitima la representación partidista en el ámbito local.
Comienzan a escucharse los anuncios de quienes suenan o aspiran a participar de las próximas elecciones, los cuales están visitando familiares, amigos y compañeros, invitando a reuniones para manifestar las intenciones de gobernar, si logran salir elegidos. Todos se aferran a utilizar la palabra ‘cambio’, pero nunca la materializan cuando gobiernan, terminando más de las veces, en frases engañosas o letra muerta que constantemente se repite, pero los electores no escarmientan, sufren de amnesia y padecen de dignidad, vendiendo el voto por una semana de mitigación del hambre.
En algunos municipios ya iniciaron a medir fuerzas entre los participantes practicando con encuestas informales en las redes sociales. Otros ponen a sonar su nombre para más tarde negociar su retiro y apoyar una determinada candidatura, previo pago por la compra del respaldo, lo que se han vuelto costumbre en algunos municipios con los mismos personajes que siempre viven aspirando, sin garantizar que puedan depositar siquiera 50 votos a su favor, pero exigen cantidades de recursos económicos a candidatos de alcaldías, Gobernación y a la Asamblea dizque para financiar la campaña; pero no reportan a los candidatos que les exigen financiación ni siquiera un 10% de la cantidad de votos que él registra en la lista del partido que la avala. El objeto de la inclusión en listas de Concejo, Asamblea o edil, no es otra que la de buscar platica en la feria politiquera, mercadeando entre clientelismo y ofertas de compraventa de votos, utilizado para acaparar y adquirir curules.
Las elecciones locales y departamentales que se llevarán a cabo el último domingo del mes de octubre del año 2027, por tradición han sido las más agitadas, bullosas en relación con otras elecciones de congresistas y presidente; aun cuando este año en segunda vuelta, desbordaron los pronósticos previsto, en la elección presidencial, pasando de menos del 50% a más del 60% el censo electoral, un fenómeno relevante y novedoso para el registro históricos.
La cantidad de aspirantes inscriptos en listas y candidaturas motivadas con uniformidad de colores que los identifican, diferencian y distinguen entre competidores y rivales, exaltando ostentaciones coloridas y avisos publicitarios con animaciones musicales en la participación de la concurrencia humana intencionada a observar, analizar y apoyar un candidato de su simpatía o del grupo político que respaldan. Sin embargo, el volumen de votantes no sobrepasa del 60% del total de ciudadanos habilitados para elegir de manera democrática. A pesar de fajos de billetes que corren y circulan en las ferias y el carnaval electorero, los incrementos de votantes son mínimos por estancamientos de electores robustecidos con votantes extraterritoriales, es decir, que están eligiendo en el lugar o localidad diferentes de donde residen en uso al delito de trashumancia electoral. En muchos municipios el censo electoral de votantes supera el número de habitantes de las referidas poblaciones.