La polarización política en Colombia es un factor tan importante que hoy en un gran porcentaje de los colombianos no saben qué presidente a elegir es el más conveniente, la polarización tiene nublada la razón de muchos. El actual gobierno de Gustavo Petro ha generado fuertes reacciones tanto a favor como en contra, esto ha hecho que la sociedad colombiana esté atenta al próximo mandatario que se elegirá en 2026, buscando un líder que pueda manejar las profundas divisiones zanjadas en este gobierno.
Es imposible tener una respuesta definitiva: qué presidente necesita Colombia, a quién vamos a elegir, ya que no hay consenso sobre cuál es el perfil ideal para el cargo; lo que el país requiere depende de la perspectiva política y las prioridades de cada ciudadano, de la conciencia de cada uno de los colombianos que valoren y respeten el derecho de votar para elegir bien.
No existe un consenso sobre el presidente ideal, algunos buscan un líder enfocado en la seguridad y el orden, ‘mano de hierro’, mientras que otros prefieren a un líder que impulse cambios sociales y económicos. En general, deberíamos valorar la preparación, la ética, la visión a largo plazo y la capacidad de diálogo como cualidades importantes en el próximo presidente; ¿pero, quién será ese mesías? La revista Forbes cita en una de sus columnas que Colombia no necesita un mesías, necesita un arquitecto. El próximo presidente no puede llegar a improvisar con discursos ideológicos, sino con planes de largo aliento: infraestructura competitiva, seguridad, calidad y oportunidad en los servicios de salud, justicia eficiente, impuestos justos y una revolución educativa real, es lo que se clama.
Sin embargo, hay temas y cualidades que se mencionan con frecuencia en el debate público, como las cualidades y habilidades; se necesita un candidato lejos de los extremos que tenga una visión a largo plazo; un líder con una visión estratégica que vaya más allá del periodo presidencial que sea capaz de abordar problemas estructurales con ética y valores, estar preparado para enfrentar los desafíos que hoy demanda este país, que tenga capacidad de diálogo para lograr los acuerdos con todos los sectores sin sed de venganza, que no se considere superior a los otros y pretenda despertar en ellos la misma admiración que siente por sí mismo, un candidato o candidata que construya caminos para tener claro un futuro más próspero y lejos de las angustias que hoy vivimos, un candidato que esté orientado a solucionar los problemas que hoy padece la ciudadanía, iniciar un plan anticorrupción que le genere confianza al pueblo.
Colombia, con una economía informal que supera el 55%, instituciones debilitadas por la politiquería, y una percepción de corrupción que erosiona la confianza ciudadana, se necesita un liderazgo que piense más como estadista que como candidato; como decimos los provincianos: “El palo no está pa’cuchara”; los odios, envidias, los egos y los rencores, no nos pueden llevar a una cura peor que la enfermedad.
Hoy se necesita un líder que entienda que el poder no es como un fin para vengarse o aplastar al opositor, sino como una responsabilidad con la historia, los colombianos necesitamos hoy más que nunca, un presidente con esa visión de compromiso.
La carrera por la Casa de Nariño se está calentando con el actual gobierno de Gustavo Petro como un factor clave y varios precandidatos de diferentes partidos ya en campaña, unos y unas con más egos que otros y otros más aterrizados; la esperanza está en la sensatez y responsabilidad individual.








