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‘Pacho’ Rivera, el rey que se quedó para siempre en la Cuna

Hay hombres que llegan a un pueblo por las circunstancias de la vida, pero terminan quedándose porque el destino les tenía reservado un capítulo especial. Eso ocurrió con…

Hay hombres que llegan a un pueblo por las circunstancias de la vida, pero terminan quedándose porque el destino les tenía reservado un capítulo especial. Eso ocurrió con José del Carmen “Pacho” Rivera, un acordeonista de estirpe, un músico de raza y un hombre que terminó echando raíces profundas en Villanueva, la tierra que lleva en su nombre la música y que se convirtió para él en hogar, inspiración y familia.

‘Pacho’ Rivera es de esos acordeonistas que no necesitan presentación porque su acordeón habla por ellos. Sus notas tienen la virtud de contar historias, de despertar nostalgias y de devolvernos a aquellas épocas en que el vallenato era, ante todo, sentimiento, amistad, parranda y autenticidad. Su trayectoria ha trascendido generaciones y su nombre quedó ligado para siempre a la historia musical de Villanueva.

Su camino artístico no comenzó exclusivamente con el acordeón. Como muchos de los grandes músicos de nuestra provincia, ‘Pacho’ aprendió primero los secretos de otros instrumentos. Pasó por la caja, la tumbadora, la guacharaca, el bajo y los timbales, hasta encontrar en el acordeón el instrumento que terminaría convirtiéndose en la extensión de su alma. Esa formación múltiple le permitió comprender el vallenato desde adentro, desde cada uno de sus ritmos y desde la conversación musical entre sus instrumentos.

La historia de ‘Pacho’ también tiene raíces familiares. La vena musical la heredó de su padre y de su abuelo José del Carmen Rivera, y junto a sus hermanos ‘Pibe’, Genaro y Pedro hizo parte de una familia donde la música no era una profesión cualquiera, sino una manera de vivir. Por eso, cuando ‘Pacho’ se sentaba frente al acordeón, no solamente interpretaba melodías: estaba prolongando una tradición familiar.

Su nombre aparece desde hace décadas entre los protagonistas de los festivales vallenatos. En 1993, por ejemplo, ya figuraba entre los acordeoneros profesionales que disputaban la corona del Festival Cuna de Acordeones, junto a nombres de reconocida trayectoria. Aquellas participaciones fueron construyendo el prestigio de un artista que nunca necesitó artificios para demostrar la calidad de su digitación.

Pero la historia de ‘Pacho’ Rivera tiene un capítulo especial con el Festival Cuna de Acordeones. Su nombre quedó asociado a esa fiesta que representa el alma musical de Villanueva, y posteriormente alcanzó la corona en la categoría Primaveras del Ayer, demostrando que los años, lejos de apagar su talento, habían convertido su interpretación en una escuela de experiencia y sentimiento. En aquella competencia paseó por los cuatro aires tradicionales: paseo, merengue, son y puya.

‘Pacho’ no es solamente un rey por una corona. Es rey porque su acordeón ha sobrevivido al tiempo. Las coronas pasan, los trofeos envejecen y las fotografías comienzan a amarillear, pero las melodías permanecen. Y ‘Pacho’ Rivera ha dejado melodías que siguen viajando de generación en generación, como esos ríos invisibles que atraviesan los pueblos llevando consigo la memoria de quienes alguna vez los hicieron sonar.

Su trayectoria discográfica también forma parte de esa historia. Junto a Humberto Herrera conformó ‘Furor Guajiro’, agrupación con la que grabó canciones que alcanzaron gran aceptación popular, entre ellas ‘Qué hubo, qué tal’, de Diomedes Díaz. También desarrolló proyectos musicales con otros intérpretes y participó en numerosas grabaciones que contribuyeron a mantener viva la esencia del vallenato tradicional.

En la década de los noventa, ‘Pacho’ también apareció vinculado al llamado Clan Vallenato, junto al cantante Alex Duarte. Aquella agrupación grabó producciones como ‘Abriendo puertas’ y posteriormente ‘Clan Vallenato 96’, demostrando que el acordeonista villanuevero tenía la capacidad de moverse con solvencia dentro de las nuevas corrientes comerciales sin perder su identidad.

Pero existe una razón mucho más poderosa por la cual ‘Pacho’ Rivera se quedó en Villanueva: el amor. El corazón, que tantas veces ha sido protagonista de canciones vallenatas, también escribió su propia melodía en la vida del acordeonista. ‘Pacho’ encontró en Maribeth Sierra Rodríguez a la mujer que terminó convirtiendo a Villanueva en su destino definitivo.

Y Maribeth no era una mujer cualquiera dentro de esa geografía musical. Pertenecía a una familia profundamente vinculada al folclor. Era hermana del inolvidable ‘Tilo’ Sierra, uno de aquellos grandes guacharaqueros que supieron acompañar con precisión y sabor las mejores parrandas vallenatas; hermana también de Dairo Sierra, uno de los hombres vinculados a los orígenes y la historia del Cuna de Acordeones; de José Galo Sierra, compositor, y de ‘El Negro’ Sierra, entre otros integrantes de una familia que ha dejado huellas en la cultura musical de Villanueva.

Así fue como el amor terminó haciendo lo que ningún contrato artístico podía conseguir: ‘Pacho’ Rivera se quedó para siempre en Villanueva. La tierra que inicialmente pudo haber sido una estación más de su recorrido musical terminó convirtiéndose en su casa, en el lugar donde formó familia, cultivó amistades y encontró una comunidad que terminó adoptándolo como uno de los suyos.

Por eso resulta imposible hablar de ‘Pacho’ Rivera sin hablar de Villanueva. Su acordeón se fue mezclando con los sonidos de la plaza, con las parrandas, con las fiestas patronales, con los festivales y con las conversaciones interminables de los juglares. Su música terminó formando parte del paisaje sonoro de una población que tiene el privilegio de haber producido una cantera prácticamente inagotable de acordeoneros.

 

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