Una de las formas hipocorísticas o abreviadas de la advocación mariana de Remedios es ‘Meme’. Esta forma del nombre la empleó García Márquez para nombrar a uno de sus personajes principales en ‘La Hojarasca’. El nobel tuvo una fijación literaria con el nombre de Remedios que aparece como personaje en su extensa obra narrativa, sin lugar a dudas no constituía un propósito arbitrario o casual, había una segura intencionalidad simbólica.
Por ejemplo, en su autobiografía novelada ‘Vivir para contarla’ señaló: “Mi mayor sorpresa, desde luego, fue la primera visión de Riohacha, la ciudad de arena y sal donde nació mi estirpe desde los tatarabuelos, donde mi abuela vio a la virgen de los Remedios apagar el horno con un soplo helado cuando el pan estaba a punto de quemársele…”
Por su parte dibuja y caracteriza a la ‘Meme’ de ‘La Hojarasca’ con unos rasgos etopéyicos muy marcados y definitorios de las mujeres de nuestra raza: “atendiendo a la clientela con esa simpatía de india que nunca dejó de tener y que era al mismo tiempo amplia y reservada; un complejo revoltijo de ingenuidad y desconfianza”.
Es en La hojarasca en donde ese universo simbólico de Macondo se explaya; el imaginario de ruina, de explotación, de soledad, de usufructo, de prosperidad y progreso ficticio, de dejadez y de abandono. “Aquí quedaba una aldea arruinada, con cuatro almacenes pobres y oscuros; ocupada por gente cesante y rencorosa, a quien atormentaban el recuerdo de un pasado próspero y la amargura de un presente agobiado y estático. Nada había entonces en el porvenir salvo un tenebroso y amenazante domingo electoral”.
Sus personajes gozan de redondez y refieren los puntos de vista que el autor quiso andamiar para narrar la historia; la voz del coronel, de la hija y del nieto. Pero sobre ‘Meme’ y el muerto recae la fuerza diegética, la que da sentido y construye la trama.
‘Meme’ es servidumbre, es concubina, es promiscua, es ilativa, mordaz, omnisciente, es territorio. Todo un personaje símbolo que encubre o descubre, las intenciones del autor, de significar la tierra sobre la que se regó su simiente, herencia de sus antepasados.
En la novela la trama se concentra en la muerte del médico y aparecen los indios wayuú encabezados por Cataure como custodios del cadáver siguiendo las disposiciones del coronel. Salvaguardar la dignidad del difunto y evitar la retaliación de los habitantes de Macondo para que no le cobren al cuerpo inane las veleidades del fallecido constituye la tarea póstuma del anciano militar en la que involucra a su hija y su nieto; el coronel no deja de repetirse. “Todo esto pasará cuando nos acostumbremos a la hojarasca”.
Las creencias católicas mezcladas con el sincretismo ritual amerindio alrededor de la muerte se ponen en evidencia en la prevención de las autoridades y la iglesia por darle sepultura a un suicida, que además había mantenido relaciones en concubinato. El coronel da posada al médico, manteniendo una solidaridad de cuerpo con un desconocido por el solo hecho de haberse presentado con una carta de recomendación de uno de sus parientes militares Buendía. Se sobrepuso a la desconfianza de su mujer y a las extrañas costumbres del inquilino, cuya dieta consistía en la ingesta de pasto como un verdadero rumiante.
‘Meme’ desaparece y se presume que fue asesinada por el médico de quien también se presumía que había quedado embarazada. Pero ‘Meme’ sale de escena llevándose sus secretos que ningún pasquín pudo poner en evidencia. Ella desafió a la iglesia y a sus patronos. Aprendió a comer del mismo pasto que el doctor mientras su presencia se iba extinguiendo, como las hojas secas de un árbol agotado de dar sombra y frutos. Con la afirmación de cierre de este capítulo, seguramente acontecerá la frase isotópica de la novela. “Por lo menos estoy seguro de que en muchas casas se quemará el arroz y se derramará la leche”.
‘Meme’ es La Guajira.








