Los jóvenes estamos ávidos de un candidato a la Presidencia como usted, que nos permita reivindicar la política y hacer de ella un ejercicio social. Necesitamos que tome la decisión rápido y nos permita salir a las calles a convencer a las mayorías y darle un equilibrio a un ambiente político plagado de conflictos y peleas entre los candidatos de derecha e izquierda.
No es esta la oportunidad de criticar a los que ya se encuentran en campaña, pero está claro que no existe un aspirante que aglutine las pretensiones de las juventudes. Es urgente tener en la palestra un candidato que nos dé tranquilidad, del cual no tengamos que inventarnos historias para espantar fantasmas del pasado, que tenga ideas progresistas sin amenazar con la estabilidad económica del país.
Muchos dirán que nadie lo conoce, que no tiene carisma para atraer multitudes y que no tiene experiencia política. Sin embargo, todas estas afirmaciones serán fáciles de derruir. Permítanos Alejandro convencer en nuestras casas a padres y abuelos, con usted en la cabeza, lograremos un fenómeno político parecido a lo que fue la “ola verde” de Antanas, solo que esta vez con el peso suficiente para llevarlo a la Presidencia.
En su más reciente discurso como rector de la Universidad de los Andes, manifestó que su padre le había inculcado la “intolerancia ante la injusticia, la idea simple pero fundamental de que hay cosas que no podemos aceptar, ese imperativo de no aceptar lo que no está bien en este mundo…” y eso es lo que requiere un país como el nuestro, la simpleza de principios y valores que nos allanen el camino para reencontrarnos como nación.
Asuma este loable reto, necesitamos poner a funcionar la ecuación que usted ha propuesto “dialogar para avanzar”, la cual requiere como requisito Sine qua non la confianza y un liderazgo atemperado. Siéntase orgulloso de ser usted promovido por distintos sectores, y que no hace parte de esa horda de personajes políticos que se lanzan sin ningún pudor como comentaba Humberto de la Calle en reciente columna.
Aunque algunos oportunistas quieran desconocer el sector político de centro, la realidad es que muchos anhelan una fuerza política que neutralice los extremos y canalice el descontento social que hoy vivimos.
Ya estamos aburridos de discusiones políticas entre los mismos.
Permítanos ser la primera línea de un nuevo “gavirismo” de un nuevo liberalismo, no el que reclaman los Galán, sino el de los jóvenes, un movimiento espontáneo que oxigene al país y luche en contra de la corrupción, el clientelismo, y que como usted bien sabe, satisfaga las necesidades básicas de una población que requiere salud y educación de calidad.







