“Cuando Pedro Castro fue derrotado, decían se cayó un caracolí; sus adversarios decían emocionados, nosotros deseábamos verlo así. Con los hachazos que le dimos a ese palo, no parece que no vuelva a revivir”.
Conocidos los resultados de la elección presidencial del 31 de mayo reciente pasado, cuyo desenlace unos festejan, otros conscientes de lo que sucedió con tres segundas vueltas anteriores prefieren esperar porque es un partido de dos tiempos. mientras otros desearían tomarse un veneno, vino a mi mente el aparte transcrito de la canción titulada ‘El caracolí’ de la autoría de Armando Zabaleta Guevara, a propósito del triunfo de Pedro Castro Monsalvo después de una dolorosa derrota en uno de sus intentos por ser elegido congresista, lo que le permitió permanecer durante más de 30 años como miembro del Congreso de la República, de esa canción se conocen muchas versiones pero consideramos que la mejor la grabó ‘Poncho’ Zuleta con el acordeón de ‘Colacho’ en el año 1987 en un LP conmemorativo por los veinte años de su partida, homenaje a su memoria por el Banco Ganadero.
Evidentemente el pueblo democráticamente se ha pronunciado, ni la intimidación colectiva, ni los insultos, ni el miedo, pudieron impedir que el pueblo soberano se pronunciara en las urnas como le dio la gana y eso es digno de una celebración entusiasta, sí, una gran celebración porque el mundo no se acabó ese domingo cívico y testimonial para la sobrevivencia del sistema político colombiano, por el contrario las instituciones están fortalecidas, se evidenció lo que todos sabemos, un país dividido entre razones y pasiones, cada quien dice que el suyo es el mejor, pero gracias a la Divina Providencia todavía por aquí está permitido elegir quién nos debe gobernar o desgobernar según el caso, los pueblos son inteligentes, a veces se acierta otras no, hay buenos y malos perdedores, generalmente se elige al mejor o la mejor aunque hay veces que sucede lo que pasó con las cucarachas, como les tenían rabia a las hormigas, votaron todas por el insecticida, fue elegido y murieron las dos.
Lo que no ha estado bien es que esta campaña electoral, inédita para estos ojos y mis oídos que habrán de comerse los gusanos de Monguí, se ha caracterizado por la agresividad de la mayoría de sus actores, olvidaron que están llamados a dar ejemplo a las nuevas generaciones, cuando todos esperábamos discursos con propuestas consensuadas, sesudas, responsables y formadoras de opinión, lo que se ha visto es gritería con calumnias, difamación, ofensas, madrazos y falsas imputaciones de unos para dañar a otros, lo cual resulta por lo menos vergonzoso, ¿cómo explicarle esa vaina a nuestros muchachos? Imposible, y pensar que ellos son una esponja que se nutre de las porquerías que están escuchando.
Ahora a falta de argumentos se acude al expediente del maniqueísmo, las cosas son buenas hacerlas si las hago yo, pero si las hace el otro eso es inmoral, impresentable, connivencia con el delito y digno de la pena de muerte, no se intenta convencer al electorado sino de manipularlo, acobardarlo y para todo el que piensa diferente se le insulta y se le imputa la comisión de delitos que nunca han cometido, eso ha tirado por el piso la política, eso es otra cosa, se volvió una recocha donde los violadores de la Ley son elevados a la condición de ídolos y la discreción se castiga con la indiferencia o con la lápida.
El verdadero peligro para la democracia colombiana no está en el indiscutible avance que han tenido en los últimos años las fuerzas alternativas ante el marchitamiento de los partidos tradicionales que han quedado convertidos en microempresas familiares, simples franquicias expendedoras de avales a cambio de canonjías burocráticas, el verdadero peligro está en el maquiavelismo malabarista de muchos de los que como afiebrado gitano en noche de luna llena se autoproclaman como mesías y dicen que sin el perrero en su mano se disolverá la República de Colombia, paja, es una forma de engañar a los pendejos porque saben que el valor civil de las personas llega hasta donde llega el instinto de conservación.
La situación está tan delicada que en las elecciones presidenciales, para las legislativas y de alcaldes y gobernadores ya el fin buscado para llegar a esas dignidades no es ganar con el voto popular, en las urnas, sino eliminando a quienes les hagan competencia, recordándonos los peores tiempos del fin de los años ochenta pero esta vez con menos candidatos muertos, lo que sobra es quien le eche gasolina al fuego, y el problema es que con eso no se quemarán en caso del incendio del país ellos solos sino que aplica lo que decía mi abuelo que “lo bueno es para su dueño, pero de lo malo toca todo el mundo”.
¡¡Cuanta falta le hacen a la política los políticos como Evaristo, mi padre, que servían al pueblo, no se servían de la gente!!








