Escribo y hablo por las niñas esposas de generaciones precedentes como lo fue mi abuela Remedios y por las actuales, por ser testigo de una práctica cultural que debió ser extinta por nosotros hace tiempo, pero que en la actualidad cobra vigor totalmente desdibujada y justificada de manera conveniente bajo el velo de la cultura y es el matrimonio de niñas con ancianos u hombres mayores que ellas. Me dicen que el matrimonio no existe en la cultura wayuú, eso me lo dijo un abogado del interior del país, quizás porque no tiene claro que la palabra matrimonio obedece al ritual y no a la formalidad escritural del contrato que se da en las notarías y es el preámbulo de la sociedad conyugal. La cultura wayuú tiene su ritual propio y se lleva por fases: el mensaje de interés o intención sobre la niña, la cuantía de la dote, la aceptación o rechazo por parte del tío de la futura esposa, el pago de la dote que puede ser por cuotas de acuerdo a la capacidad del pretendiente y por último la entrega de la menor, lo demás es un cuadro de horror que solo podría ser narrado por la niña esposa pero ella también lo ha normalizado y aunque nos parezca que no sienta vulnerados sus derechos universales de niña, no le gusta y no lo quiere y no habla porque está enseñada a guardar silencio.
Siempre he sido vigilante de lo que hasta el 13 de noviembre fue un proyecto de Ley, una votación en bloque en el Congreso de la República convirtió en Ley lo que de una vez por todas transformará la realidad de las niñas wayuú una vez se implementen las políticas públicas donde seremos convocadas quienes hemos sido vigilantes de que por fin esta Ley sea una realidad.
He recogido las voces de destacadas mujeres wayuú donde manifiestan su aprobación y lo urgente de dar aplicación en los pueblos indígenas muy especialmente en el pueblo wayuú de la Ley niñas no esposas. La antropóloga Laura Almazo expresa: “Le hemos fallado de tantas maneras a nuestras infancias. Con el silencio, con la omisión, con complicidad, con excusas. Aún seguimos en deuda con cada niña viviendo vidas que no les corresponden, atendiendo hijos que deberían ser hermanos menores y complaciendo a esposos que son abusadores. El debate sobre la prohibición del matrimonio infantil en comunidades indígenas nos ofrece una oportunidad de redención de esos fracasos. Para los escépticos esta Ley debe analizarse desde el concepto de relativismo cultural y derechos humanos universales. El relativismo cultural sostiene que cada sociedad desarrolla sus propias normas y prácticas en función de su contexto histórico, social y simbólico, lo que implica que tradiciones como el matrimonio temprano en comunidades indígenas tienen significados culturales propios. Pero este concepto se encuentra en tensión con la noción de derechos humanos universales, que establece principios básicos de protección, especialmente para grupos en situación de vulnerabilidad como las niñas”
Anyelena Iguarán del Territorio ancestral Alhlas – Siapana cuya profesión de odontóloga la ha llevado a trabajar en las comunidades más vulnerables manifiesta su apoyo a esta Ley. “Estoy dispuesta a unir mi voz, a los gritos silenciosos de estas niñas abusadas, a firmar, a marchar y protestar pacíficamente. Mi apoyo 100% para esta Ley”.
Vicenta Siosi Apshana la primera escritora del pueblo wayuú en tocar el tema desde la literatura manifiesta: “Es necesario informar amplia y profusamente la vigencia de la nueva Ley: talleres, conversatorios, documentales, folletos, programas en todos los formatos, en las lenguas del Departamento porque también incluye niñas de la Sierra Nevada. Que las pequeñas conozcan que tienen un derecho y que este ha sido restituido; el derecho a decidir su destino.
Está poderosa Ley frena el abuso, la violencia que durante centurias padecieron con absoluto dolor las niñas. Ese dolor lo guardaron en sus entrañas, lo silenciaron, ese dolor les robó la felicidad y la paz. Está Ley confronta el machismo consuetudinario, ante nuestros ojos se derrumba la injusticia. Qué bueno ser testigo en este tiempo de esta preciosa Ley”.
Nelis Pushaina Ipuana docente wayuú del municipio de Maicao: “El matrimonio de niñas en la etnia wayuú se normalizó de forma generacional, dado que para esta etnia la mujer solo estaba predestinada a ser esposa y madre, tanto que en la etnia wayuú las mujeres son las responsables de mantener y transmitir el linaje o e’irukuu, este te identifica y te hace parte de una familia, las mujeres de forma milenaria deben ser sumisas a sus familias y esposos. La aprobación de la Ley ‘#SonNiñasNoEsposas’, les abre a las niñas la oportunidad de desarrollarse en las escuelas como futuras mujeres líderes y profesionales, ampliando sus posibilidades de crecimiento y de brindar a sus futuros hijos y a la sociedad muchos aportes valederos que todas las mujeres pueden realizar. Así mismo las escuelas tendrán muchas más herramientas jurídicas para proteger a las niñas y aterrizar los manuales de convivencia como una pieza clave desde las instituciones educativas como protectores y garantizadores de derechos de la niñez, centrando en las escuelas para padres la protección de las niñas, la pedagogía es un pilar para iniciar un proceso de reivindicación y protección de los derechos de las niñas para que puedan disfrutar su niñez a cabalidad sin cargar con responsabilidades propias de los adultos”.
Voces como las de la autoridad tradicional de Perratpu Rosa Redondo: “Como mujer wayuú y como autoridad en mi comunidad, creo que las niñas no deben ser esposas, deben ser niñas. Deben crecer, jugar, aprender, estudiar y prepararse para el futuro, para servir a su pueblo y a su sociedad. No podemos seguir permitiendo que el destino de nuestras niñas sea decidido a tan corta edad”.
Mónica Barros expresa que: “Mi bisabuela y abuela tomaron la decisión que las mujeres de su familia, serían libres de escoger a su esposo y su manera de vivir manteniendo las líneas de respeto y sigo dispuesta en mantener esta decisión, no solo con mi hija Luna sino con todas las niñas de mi linaje y la Ley nos obliga a proteger, con apoyo del Estado, la infancia en territorio y fuera de él”.
El Congreso de la República en noviembre dijo sí unánimemente a eliminar la práctica nociva del matrimonio infantil en Colombia y las uniones tempranas (Miut), el presidente de la República, Gustavo Petro sancionó tres meses después la Ley 2344 de 2025 una luz encandilosa para los que viven justificando estos matrimonios en territorio bajo el velo de la cultura, ya no será normal ver tíos pretendiendo sobrinas y la aceptación plena de sus mayores. Las instituciones del Estado ya no tendrán la excusa que el daño ‘se arregló por la jurisdicción especial’ porque no se trata de arreglar sino de reparar y sancionar punitivamente a los agresores libres en territorio.