Existe en la biblia, en el Evangelio de Mateo, una sentencia que manifiesta: “por sus obras los conoceréis”. Y en el refranero popular hay un mandato que dice: “lo que no sirve se bota”, y yo suavizando diría “se transforma”.
Uso estas expresiones para relacionarlas con mi opinión plasmada en este escrito. Y al lado de esa opinión, pongo de presente que, sin hacer futurología, sino más bien un análisis de consecuencias y posibilidades en el tiempo venidero, por los vientos que soplan en nuestro Departamento, se avecinan cambios que estimo forzarán transformaciones de todo tipo: actitudinales, sociales y comunitarias, institucionales, gremiales, ambientales, y del entorno. Han de ser necesarias unas y obligatorias otras para poder proponer y planear a corto, mediano y largo plazo el futuro de La Guajira, en una nueva oportunidad y con otros elementos propicios para desarrollarnos.
Están a la vista como nuevos elementos para ese desarrollo y futuro de La Guajira la generación de energías alternativas, la terminación de la minería de carbón por parte de Cerrejón Limited, la construcción de los distritos de riego para la habilitación funcional y productiva de la represa del río Ranchería, las potencialidades de turismo de varios tipos.
Todo esto generará un gran impacto en el comportamiento y supervivencia de la comunidad guajira.
Todo esto requiere, en mi apreciación, prepararse objetiva, consciente y consecuentemente para afrontar y enfrentar con realidades y factibilidades ciertas, sin retórica vacía ni falsas expectativas, los retos y demandas que esas transformaciones implican.
Sin lugar a equivocarme, el primer actor de estas transformaciones y sus efectos es la sociedad civil y comunidad guajira en general, y el primer elemento transformador es la educación con énfasis en la oportunidad, la diversificación y la calidad.
Como antecedente rememoro que los guajiros tenemos la no muy grata experiencia de 7 bonanzas con incidencia en lo económico y social de nuestro territorio, y aun así hoy nuestro accionar no es de lección aprendida, ni de una actitud sostenible, emprendedora y creativa y ni generadora de riquezas: “lo que conseguimos o nos dan nos los gastamos sin ahorrar”. En consecuencia, esta es la transformación básica y fundamental que se necesita implementar de primero para tomar conciencia de lo que se nos viene, y para cambiar ese ancestral comportamiento de dependencia, ‘quemeimportismo’ y conformidad.
Luego está como actor de vanguardia de esos cambios y transformaciones el aparato institucional del Departamento y los municipios.
En el Departamento, por primera vez debemos hacer una reingeniería del Estado Institucional que nos prepare para lo que se avecina y nos consolide para garantizar eficiencia, efectividad y calidad en la funcionalidad corporativa, en sus componentes gerencial y administrativo.
Debemos comenzar por evaluar la necesidad de su existencia o la transformación de varios Institutos Departamentales que hoy son una carga financiera onerosa y deshonrosa, y una desgracia operativa puesto que sus objetivos misionales hace mucho tiempo dejaron de cumplirlos y de obtener buenos resultados. Los han convertido en escampaderos de la politiquería, fortín burocrático para pagar favores electorales y algunos en caja menor de la Administración central del Departamento y facilitadores de la malversación.
Por ejemplo, el Instituto Departamental de Deportes de La Guajira; hoy no tenemos ningún proceso de fomento y formación, ni logros qué mostrar en lo deportivo, porque no es secreto para quienes le hacemos seguimiento a la función pública guajira, que pasa de todo en ese instituto y para todo lo usan, menos para fortalecer y engrandecer el deporte y la recreación guajira.
También amerita enorme atención el Instituto Departamental de Tránsito; cara cueva de despilfarro e inoperatividad. No sirve, entonces, transfórmemelo hacia un ente de buen servicio, o acabémoslo. Esta función se necesita, pero bien hecha.
Un mesurado e ingenioso estudio debe darse para redefinir la compatibilidad, suficiencia y coexistencia de dos entes que, a pesar de ser tan importante para el Departamento, sus logros y proyecciones, fomento y gestión con equidad para el engrandecimiento de las artes y las culturas, realmente requieren que se les aterricen esas funciones (Instituto Departamental de Cultura y Fondo Mixto para la Promoción de las artes y la cultura de La Guajira). La necesidad de valorar su operatividad es por lo costoso que sale y lo poco que aportan al fomento y desarrollo del tema en todo el Departamento. Podrían hacer más con menos presupuesto y siendo un solo ente, y eso es posible, si dejan de ser cuota burocrática y lo maneja talento humano con méritos, con formación e idoneidad en esta materia para que se consigan más logros en la cultura y las artes guajiras.
Una entidad que se debe reinventar para su continuidad, es el Fondo para el Desarrollo de La Guajira (Fondeg). Si no fuera por sus antecedentes de poca eficiencia, poca operatividad y refugio de ‘jugaditas’, podría ser uno de los entes vitales y dinamizadores para administrar el desarrollo de La Guajira en estas etapas que se nos vienen con diversas ofertas técnicas, financieras, económicas, sociales, de desarrollo humano y de infraestructuras.
Mirando hacia atrás vemos que hemos pasado la época de gran minería como apéndice de los ministerios de la materia y las agencias administradoras de la minería en Colombia.
Inaudito e increíble que nunca hemos tenido una Secretaría de Minas con peso y poder ante las instituciones y entidades nacionales de minería y medio ambiente. Necesitamos transformar hacia mayor autonomía y operatividad la gestión de este sector.
Dentro del horizonte de desarrollo está recuperar nuestra vocación agropecuaria y pesquera, por eso, debe construirse un ente fuerte que lidere con suficiencia este innato sector de La Guajira; un ente que fomente y apoye la agricultura, la ganadería y la pesca.
A pesar de sus grandes y significativos esfuerzos, el fortalecimiento institucional y mayor autonomía para enfrentar los nuevos retos ambientales es una necesidad de Corpoguajira. Esta entidad debe ajustarse para la nueva era y futuro de La Guajira.
En realidad, debemos reconocer que, a pesar de ir a cumplir 60 años de existencia y de vida jurídica y administrativa, el departamento de La Guajira está funcionalmente obsoleto, paquidérmico y amarrado por la mentalidad obtusa del entorno que obra por inercia y ‘piloto automático’. Se necesita una Gerencia para Manejo del Cambio que nos haga eficientes y competitivos, apalancados por tecnología de punta en sus procesos e inteligencia artificial como soporte operativo.
Guajiros, lo que se nos viene es de gran responsabilidad. No son ni Cerrejón Limited, ni las generadoras de energías alternativas quienes nos deben o nos van a diseñar el futuro de nuestro territorio. La gestión macro y definitiva para lograr ese desarrollo de La Guajira está en manos de nosotros. Es mas grande el compromiso hoy que el de hace 47 años.







