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La equivocada hoja de ruta que nos está llevando a la desintegración social

El lenguaje soez y procaz es mandatorio, porque si no, te identifican como ‘out’

Por: Rodrigo Daza Cárdenas
octubre 9, 2025
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La equivocada hoja de ruta que nos está llevando a la desintegración social
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Antes, muchas acciones y actitudes eran obligatorias cumplirlas, eran normales, permitidas, admitidas y aceptadas su práctica común en la sociedad, como por ejemplo: saludar al llegar, despedirse al salir, dar los buenos días y las buenas noches, corresponder respetuosamente a un llamado de atención, y más,  por un mayor de edad que uno; bajarse del andén el menor cuando venía un mayor, incluso, norma de cortesía, si era una mujer;  llamar la atención o hacer observaciones si se veía que alguien estaba haciendo algo mal, o indebido o destructivo o considerado inmoral, y era injusto dejar de llamar la atención, dejar de corregir o dejar de advertir. Había buenos patrones de convivencia comunes para toda la sociedad.

Ahora, los adefesios sociales y anticívicos, las repelencias humanas o groserías que eran prohibidas, actualmente cursan una hoja de ruta equivocada y por eso se han afianzado y concentrado tanto en la sociedad, porque después de ser prohibidos social y culturalmente, esos comportamientos y actitudes perversas, ahora, repito, son admitidas, después permitidas, luego aceptadas, y finalmente, por el uso frecuente de lo indebido e inmoral, lo convierten en obligatorio su uso.

A estas actitudes y comportamientos antisociales, hay una parte de la sociedad que los repudia, sobre todo miembros de pasadas generaciones, por ejemplo, de los que quedan de la Generación Silenciosa, o sea los nacidos entre 1926 y 1945; los de la Generación Baby Boomers, o sea los nacidos entre 1946 y 1964,  y  también los rechaza una parte de los de la Generación X, o sea los nacidos entre 1965 a 1980, y de los Millenials o Generación Y, o sea los nacidos entre 1981 y 1996, pero, son fuertemente aceptados por los de la Generación Z, o sea, los nacidos entre 1997 y 2012; donde ya son casi obligatorios esos comportamientos, y parecen totalmente obligatorios, es en los de la Generación Alpha, o sea los nacidos de 2013 en adelante. Y son obligatorios porque si no los tienen o los adoptan, si no los practican y muestran al público, son excluidos de los ‘parches’ y de la sociedad.

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Entonces, los nuevos códigos sociales son, entre otros, por ejemplo: ya usar drogas psicoactivas está normalizado, tener sexo temprano, aun sin completar totalmente la maduración de sus órganos genitales es estar ‘in’; salir embarazada tempranamente y seguir estudiando es un hecho casi heroico y ‘ejemplarizante’ para las demás jovencitas del curso; el lenguaje soez y procaz es mandatorio, porque si no, te identifican como ‘out’, fuera de tiempo y fuera de la tendencia. Ser contestatario, indecente, irrespetuoso es lo que da ‘liderazgo y jefatura en la manada’. Si no eres vulgar o no perteneces a una pandilla, ‘te excluyen de la sociedad’.

Lo anteriormente descrito es parte del discurrir u hoja de ruta de la degradación social que hemos sufrido y estamos viviendo, obviamente, y para la gloria de Dios y la salvación moral y ética de la humanidad, todavía se encuentran aún niños, adolescentes y jóvenes que vienen con buenos modales, buenos principios y comportamientos adecuados para vivir en sociedad sin ser mojigatos, ni anticuados, ni ‘mamasantos o mamasantas’, sino que reflejan o muestran que se tienen sólidas enseñanzas y buenas costumbres adquiridas y aprendidas en sus hogares.

Dicen psicólogos y trabajadores sociales que hemos consultado, que esto está arraigado fuertemente por la libertad que los padres y abuelos están dispensando a niños y adolescentes que están en proceso de formación conductual y comportamental, y por los nuevos códigos de trato y manejo disciplinario que se han impuesto, incluso por normas de gobierno, en las instituciones educativas y en instituciones que manejan niños, adolescentes y jóvenes.

Señalan que el primer factor de riesgo son los padres o entorno de hogar, luego los vecindarios y amigos que son disfuncionales.

Pero según esos mismos profesionales y sociólogos e investigadores sociales, ¡no todo está perdido ya! Ellos creen que aún, antes de llegar al fondo, al punto sin retorno, se puede recuperar y normalizar de nuevo el buen comportamiento, las buenas costumbres y la convivencia respetuosa. Creen que aún, aun cuando falta poco para tocar ese fondo negro de la destrucción social, se puede hacer mucho, se puede “comenzar a involucionar la desintegración” que nos está carcomiendo, sí o sí, primero, se aprovecha ese reducto de hombres y mujeres que hay en las generaciones más golpeadas o transculturizadas, para comenzar a transformar esa realidad antisocial que se nos ha ido arraigando y asentando en los aposentos y salas de nuestras casas y ni qué decir de muchas instituciones educativas y barrios.

El segundo factor de riesgo es la negación.

Y es porque cuando padres de familia, maestros, líderes comunitarios y sociales comienzan a desconocer y alivianar la situación confundiéndola o etiquetándola de producto de la época, pero se niegan asumir que hay descomposición social, influencia dañina de las redes sociales, y optan por aceptar como modelo social todas las consecuencias negativas del diario vivir dentro de esa descomposición y desintegración social, y se niegan a implementar o a tomar medidas preventivas, curativas de la situación, los grupos en riesgo y victimas no solo sienten la desprotección, sino que creen que ese comportamiento tolerante y pasivo es el familiar, social y comunitariamente el lógico y correcto. ¡Por Dios, activémonos en modo prevención, en modo salvación de los nuestros y nosotros mismos!

Quiero citar una sentencia que refleja una idea compartida sobre la responsabilidad de la familia en la formación de valores, y de los maestros en la transmisión de conocimientos académicos, y dice así: “el hogar educa y el maestro enseña”.

Pero yo afirmo y lo hago con énfasis y contundencia, que a esta corresponsabilidad hay que adicionarle el papel definitivo que tienen los gobiernos locales, regionales y nacional en construir sinergias con los hogares y las instituciones educativas para revertir el mal momento, o los tantos malos años que hemos estado viviendo por la descomposición social que parece que ya aceptamos como normal y obligatoria su práctica.

Dejo para las conclusiones de cada amigo, de cada conocido o desconocido que me da el honor de leerme, que señale algunas de las malas consecuencias que ha aportado esta descomposición social con aires de desintegración total. Por ejemplo: feminicidios, homicidios de hermanos, pobreza y sus manifestaciones como son altos índices de desnutrición en niños, deserción escolar, etc., etc.

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