En la preciosa población de La Junta, La Guajira, a la que muchos denominamos ‘El rinconcito más querido de La Guajira’, nació un 9 de abril del año 1920 este descollado, prominente y notable protagonista de esta Crónica Sabatina; fallece el 15 de febrero del 2002. Fueron sus padres Bolívar Cuello y Helena Sierra (‘Nene’), y sus hermanos Amira y Eloísa Cuello Sierra, también: Joaquín, María y Genoveva Sierra; un hermano de crianza al que quiso mucho fue José Jorge Sarmiento, conocido popularmente como ‘Shegogue’.
Arraigado a su tierra y dedicado plenamente a su familia y a sus labores del campo, todos lo recordamos por sus cualidades de ser callado, con un temperamento fuerte, recio carácter; de pocas palabras, pero incansable, perseverante y muy dedicado a sus faenas laborales. Cuando joven fue maestro e impartía conocimientos a los niños de su tierra; buena parte de su vida la consagró a la enseñanza, pues en aquellos tiempos eran muy escasos los profesores. Él, con la templanza y seriedad que lo caracterizaban, infundía respeto, disciplina, orden y obediencia a sus alumnos.
Casado con Antonia Rosa Sierra Acosta, quien lo acompañó hasta su muerte, mujer abnegada de dulce personalidad, con quien trajo al mundo a Bolívar y a María Cristina Cuello Sierra. Otro hijo que ambos quisieron mucho lleva por nombre Manuel Vicente Cuello, el compañero fiel que nunca se separó de ellos. Bolívar inició estudios para piloto de aviación y María Cristina de periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana, carreras que no culminaron. Manuel Vicente estudió soldadura en San Juan del Cesar, profesión que ejerce a satisfacción.
Llevaba una vida sencilla, nunca ostentosa; mantuvo casi toda su existencia una casa con techo de paja. Vanagloriaba aquella frescura que irradiaba aquella construcción; el lugar preferido para descansar y dormir era una hamaca grande como la de Adolfo Pacheco; esa era su felicidad. Se transportaba en mula, caballo o yegua para visitar sus fincas en las estribaciones de la Sierra Nevada. Estaban ubicadas una llamada Las Palmas y otra La Amistad, más arriba, donde cultivaban café, dominicos, plátanos y aguacates. Tiempo más tarde adquirió Los Tunales en la región de Badillo; se percibió el progreso y ya se movilizaba en una camioneta Toyota, estrenó un Patrol gris, sembraba arroz con maquinaria agrícola propia, tractores, arados, rastrillos, etc. En las tierras de arriba sembró fique, fue pionero de este cultivo en la región, incursionó en la ganadería; además de vacas y novillos, también crió ovejas y cabras. Un campesino luchador, tenaz e infatigable, en verdad.
Era de pocas horas de sueño, dormía apenas 4 horas diarias, madrugaba a sus quehaceres agropecuarios con energía; dichas actividades lo mantenían contento y entusiasmado todo el tiempo.
Amigos cercanos: su cuñado Raúl Sierra, Manuel Bolívar, Laudelino y Óscar Daza, Roberto Arias y Sixto Sierra; sus charlas eran concisas, sus opiniones respetadas y le gustaba más escuchar que hablar; tenía un agudo sentido del humor. En una ocasión, la Sra. a la que todos conocíamos como ‘la Vejé’, ya fallecida, le pregunta: «señor ‘Jota’, ¿cómo está?», a lo que inmediatamente él responde: «Sentado, ¿no me ves?».
Don ‘Jota’ Cuello hablaba sin rodeos, no utilizaba atajos, iba al grano. Fue muy apreciado por las personas que trabajaron con él. ‘Joselillo’, ‘Gundo’, ‘Guillo’, todos hablan maravillas de este personaje. Cuando murió, atinaron a decir: “se nos fue el mejor patrón”.
Nietos: su hijo Bolívar con Piedad Sierra le regaló 4, Margarita Rosa, José José, Carmen Pilar y José Bolívar; María Cristina con su esposo Hernán Acosta: 4, Rita Elena, Adriana, José Ángel y José Antonio; y Manuel Vicente con Beatriz Elena: 3, José Manuel, Laura Virginia y Rossi Ángel. De Bolívar también están Martín, Fabio, José Luis y los mellos. Como podrán ver, el nombre constante es José, en honor a ese gran abuelo don José Luis Cuello Sierra.
Anécdota del gran ‘Jota’ Cuello: cuando se transportaba en su mula rumbo a su finca Las Palmas y se encontraba con muchas señoras de La Junta y Curazao que lavaban ropa en el pase de la Despensa (así le llamaban al cruce del río Santo Tomás), pasaba serio, muy concentrado, y las mujeres le decían: «vea, señor ‘Jota’, salude», y respondía entre dientes: “‘Jota’ no saluda, ‘Jota’ no saluda”, y continuaba su viaje con su posición erguida y elegante que lo caracterizaba.
Crónica antológica y melancólica la de esta semana, recordando la vida de un juntero que dejó huellas y remembranzas en toda la región de La Junta, San Juan del Cesar, La Guajira, en Badillo y Patillal, Cesar. Aún lo recuerdo cuando todas las tardes visitaba a su sobrina ‘Yiya’ y a su esposo Laude (mis padres), y degustaba plácidamente una taza de café. Era muy certero en sus comentarios, le fascinaba el pescado bocachico y la miel de abeja; fue uno de los primeros junteros sometido a cirugía de corazón abierto en Bogotá y regresó airoso nuevamente a su tierra a continuar con sus actividades.