Septiembre, mes del amor, la fraternidad y el Cuna de Acordeones. Hoy por siempre me embargan infinitos sentimientos de gratitud, valores y normas de urbanidad a mi mamá y mi papá. Por supuesto, muchos recuerdos inmarcesibles de infancia y adolescencia en Villanueva, La Guajira.
En Colombia, el Día del Amor y la Amistad lo celebramos el tercer sábado del mes de septiembre. Según calendario 2025, corresponde el 20 de septiembre, día en que muchas familias, parejas y amigos se expresan lazos de afecto.
Ahora bien, la hermenéutica general de esta fecha es análoga con que ese fin de semana es más comercial al reactivarse la economía nacional, incrementa la curva de demanda y oferta entre obsequios, chocolates, flores, licor, que por supuesto son acordes con la chequera financiera y sentimental de cada persona. No obstante, muchas familias celebran y comparten esta fecha en cenas, restaurantes o viajes con un toque diferente a la tradición.
Septiembre es un mes flexible para las familias y se congratulan expresiones de amor y amistad, a través de flores y chocolates con un trasfondo económico. Por consiguiente, “la celebración en septiembre arraigó en la cultura colombiana”, en esta ocasión concuerdan con las fiestas patronales del municipio de Villanueva, La Guajira, el patrono Santo Tomás y el apoteósico Festival Cuna de Acordeones.
En mi condición de hijo, hermano y padre de familia, promulgo con certeza que la pureza del amor es inherente al parentesco biológico de nuestros progenitores. Recuerdo proverbio “(…) hay una madre para 100 hijos y cien hijos no son para una madre”. De tal modo, es perenne moral honrar a nuestros padres, obedecer con disciplina y respetarlos en vida a su máximo esplendor.
De manera, aquellas hijas o hijos que acaten la ley de Dios, de “honrar a padre y madre”, hacemos mérito al cáliz de la “(…) paciencia de Job, la sabiduría de Salomón, el valor de un león, la mansedumbre de San Francisco”, y salud, la mejor bendición Divina terrenal,y ante la redención del Todopoderoso llamados a partir.
El Dios de lo omnipotente, del amor, gracia y misericordioso, nos enseña a compartir la vida en lo más sencillo, lo básico y autenticidad entre hermanos (as), parientes y amigos, sin perder el lazo de la fraternidad. ¿Después para que homenaje?, los homenajes son en vida.
Esta crónica en otro contexto, tal vez, refleja la carencia de valores, mal uso de tecnologías y el afán de hacer dinero. No hay celebración en el cual familias se vean afectados de disfrutar e implementar una conversación integral por estar inmersa la vista en la imprudencia de usar el celular.
Ahora bien, padres de familia tienen una tendencia y afán de hacer dinero que compartir con su núcleo familiar, por razones o circunstancias que presenten. Claro que no es un calificativo subjetivo de juzgar la dinámica de las personas, por el contrario es el reflejo del diario vivir.
Disfrutar siempre al máximo debe ser la constante. Mas no, de repente aparezca la ausencia física, los recuerdos, lo imposible, lo inaceptable, ¿ya para qué?
Mis sentimientos de hijo, padre y amigo se reflejan en esta canción magistral “Mi última voluntad”, compositor Aurelio “Yeyo” Núñez, e interpretada por Fabián Corrales.
“Si yo volviera a nacer desearía nuevamente mil cosas, pediría el mismo Dios que me guía, los mismos papás y una sola mujer. Si yo volviera a vivir desearía nuevamente ser pobre y nacer en el mismo pueblito y crecer con los mismos amigos donde un día crecí, donde mi vida buena no tuvo desamores ni desencantos. No conocí la pena, mi vida era armonía, todo era un canto. Si yo volviera a vivir, estoy seguro mujer de que me quedo contigo, aunque tampoco reniego del tiempo perdido”.








