Reconfortante, armoniosa y sincera fue la reunión desarrollada el pasado sábado 12 de septiembre por el doctor Raúl Hernández Maestre, representante legal de la Fundación Festival Cuna de Acordeones de Villanueva, La Guajira, dirigida a todos los asociados de la Fundación, con el propósito de explicar, de viva voz, las razones que llevaron a la cancelación de la versión 48 del Festicuna. Al encuentro asistieron excongresistas, concejales en ejercicio, compositores, el presidente del Museo Cultural Villanueva Grande, exconcejales, exmiembros de consejos directivos de versiones anteriores, profesionales de diferentes disciplinas y expresidentes del Festicuna.
Si al inicio de la reunión pudo percibirse cierto ambiente de prevención o inquietud en algunos asistentes, al finalizarla se observó un equipo de trabajo compacto, entusiasmado y lleno de iniciativas, dispuesto a sacar adelante nuestra Fundación y a realizar, en junio de 2027, la mejor versión del festival jamás vista. Pero contra la naturaleza y los designios de Dios nadie puede. Este año terminaron imponiéndose una serie de circunstancias que, como casos fortuitos, conspiraron contra la realización de la versión 48 del Festicuna 2026, tal como fueron explicadas por nuestro presidente.
Fue el 24 de junio del año en curso, en la hermana República de Venezuela, donde un terremoto dejó innumerables víctimas mortales, y cientos de desaparecidos. Este fue el primer caso fortuito que afectó indirectamente al Festicuna, pues, a raíz de ese fenómeno natural, varias empresas que tenían previsto realizar aportes económicos desistieron de sus donaciones para destinar esos recursos a la atención y ayuda de nuestros hermanos venezolanos. Aun así, todavía quedaban aportantes dispuestos a hacer posible una excelente versión del Festicuna 2026. Sin embargo, cuando parecía que ese camino podía consolidarse, apareció otro caso fortuito en contra del magno evento.
El 10 de agosto del año en curso, el fenómeno natural terremoto ya no se presentó en un país circunvecino, sino en nuestro propio terruño. Este acontecimiento terminó dejando a nuestro festival herido de muerte, al poner aún más difícil la consecución de los recursos necesarios para realizar un evento cuyo costo ascendía aproximadamente a $1.350 millones. Se apeló a una última opción: tocar una puerta gubernamental patrocinadora a nivel central. Se logró concertar con esa importante entidad la posibilidad de convertirla en nuestro salvavidas económico, siempre y cuando el giro de los recursos se produjera antes del cambio del Gobierno nacional. Pero volvió a aparecer la desafortunada coincidencia: el cierre temporal del aeropuerto de Pasto, lugar donde se encontraba el gestor del gasto de dicha entidad, impidió concretar oportunamente esa posibilidad. Finalmente, nos alcanzó la posesión del nuevo Gobierno, cuya bandera principal ha sido la austeridad y el recorte presupuestal en diferentes sectores.
Entonces, por esa vía, tampoco fue posible. Y, como si fuera poco, el 9 de agosto, un vendaval repentinamente levantó el techo de la tarima Escolástico Romero de Villanueva. Pareciera que, con todos estos casos fortuitos, el Señor nos estuviera ratificando su no complacencia con la realización del festival este año y, al mismo tiempo, recordándonos aquello que dice su Palabra en el libro de Daniel, capítulo 4, versículo 35. “El Señor actúa según su voluntad, tanto en el cielo como en la tierra; no hay nadie que pueda oponerse a su poder ni preguntarle por qué actúa como actúa”. Al Señor solo hay que obedecerle.