Editorial Diario del Norte
Editorial

Embarazo en adolescentes

Las estadísticas no mienten. Las cifras del Dane indican que entre el 2022 y 2024, uno de cada cuatro nacimientos correspondió a madres adolescentes. 569 niñas entre 10…

Las estadísticas no mienten. Las cifras del Dane indican que entre el 2022 y 2024, uno de cada cuatro nacimientos correspondió a madres adolescentes. 569 niñas entre 10 y 14 años se convirtieron en madres en apenas tres años, y 42 de sus bebés nacieron con bajo peso.

En ese mismo periodo casi 3.000 bebés nacieron con bajo peso, de los cuales 795 fueron hijos de madres adolescentes. Dicho de otra manera, el 26,7% de todos los bebés con bajo peso al nacer en La Guajira provienen de madres menores de 19 años.

El análisis de las cifras corresponde a un llamado urgente de la pediatra e investigadora Ileana Curiel, que requiere de un análisis serio de las autoridades para que no se siga normalizando esa situación en las familias, especialmente indígenas.

La pediatra plantea que ese circuito de embarazo adolescente, bajo peso y desnutrición constituye una cadena de inequidad intergeneracional. Al tiempo, precisa que no se puede seguir naturalizando desde la cultura wayuú, ni desde otra cultura, que una niña de 13 años se convierta en madre. Cada embarazo infantil es una infancia arrancada a la fuerza; cada bebé con bajo peso es un derecho a vivir que se apagó antes de empezar.

La falta de controles prenatales, la distancia en los territorios rurales y la ausencia de rutas de protección no pueden seguir traduciéndose en muertes prevenibles.

Como muy bien lo afirma la médica, la desnutrición en La Guajira va mucho más allá de la falta de comida: es embarazo forzado, cuerpos frágiles cargando desigualdad y un Estado que no protege.

Es hora de humanizar los datos, de escuchar las voces de las niñas, de reconocer las prácticas de cuidado de nuestras comunidades y de exigir políticas que garanticen supervivencia, desarrollo, protección y participación. Queda el eco de vidas que pudieron empezar de otra manera y que hoy reclaman, con su silencio, un país que las mire de frente.

Este clamor de la investigadora wayuu, requiere ser atendido por todas las autoridades para proteger a estas menores a quienes no se les debe negar ese derecho de estudiar, de formarse como profesionales para que desde sus roles trabajen por sus territorios y sus gentes.

El presente y el futuro de estas menores no puede ser la crianza de un bebe cuando aún están en esa etapa de crecimiento, en ese proceso de formación. Ellas merecen disfrutar de su infancia plenamente, por eso es necesario que la institución aborde la situación con los padres como primera línea protectora.

Esperamos que este clamor no quede en el olvido.