‘Santa’ es uno de esos seres humanos con los que no quieres dejar de hablar, no solo por lo interesante de su verbo recorrido y curtido de experiencia, sino por lo sencillo, suave y dulce. ¡Qué contraste! ¡Qué señor! “Es que he caminado mucho, conozco mucha gente, yo soy un antropólogo o un sociólogo frustrado y vengo de una familia de narradores, tanto del lado de los Escalona como de los Durán. Desde niño me gustó mucho el castellano, la literatura, he leído mucho, he viajado mucho… mis papás eran de Aracataca y de Ciénaga. Los Durán y los Escalona eran de allá, mi abuelo llegó a Valledupar desde Ciénaga después de la Guerra de los 1.000 días. Entonces, me la pasaba entre Valledupar y la Zona Bananera, la conozco muy bien y tengo recuerdos muy frescos de esa infancia bonita, conociendo cosas que no sabía que me iban a servir después, que me nutrieron, me han brindado la oportunidad de enriquecerme en cuanto a temas e imágenes”, recuerda Durán Escalona.
Entiendo entonces que sus canciones son solo relatos mágicos que entretejen recuerdos y vivencias con la realidad.
Descubrí una noche de bohemia en la que junto a mi amigo de años, el Gran Sefe (con S lo escribo yo, me parece más artístico) él libando whisky y yo vino, nos pagamos una deuda de cantar con nuestras voces de guacharaca, una canción para mí totalmente desconocida: ‘El último embaucador’.https://getsnap.link/a8K9tDyF4xo
“Para mí es la mejor canción del vallenato, no pretendo que así piense todo el mundo, sé que no, es más bien una canción desconocida, mira que tú, que te considero versada en el tema no le habías prestado atención hasta hoy. Pero yo digo que es una canción sin par, no existe otra así, por la historia que cuenta, por la forma poética y lírica tan especial, por la melodía, el hecho de ser el canto a un amigo, aunque muchos le han cantado a un amigo, pero no es igual. No sabría cómo explicarte, pero aún en la literatura de la música vallenata no existe una obra igual, hasta su interpretación en la voz de Daniel es perfecta, le da ese toque lírico transcendental que requería una canción única en su genero”. Me decía Sefe, mientras armábamos una él y una yo, el decálogo del vallenato tradicional. Fue un descubrimiento fantástico literalmente, para mí; es tan diferente que su coro es el más largo que alguna canción pueda tener, un estribillo que cuenta una pena de amor, enmarca el secreto del mejor mago del mundo en dos versos místicos y otra vez el estribillo, con unos cambios melódicos repentinos y perfectos: “Ay, pero llevo en el alma una ansiedad y una pena reprimida, porque el amor que yo quiero se me va, dejando sola mi vida. (bis).
Yo soy el mago porque estudié los pergaminos del gran saber, y hace tres siglos que le robé a un brujo esclavo su gran poder.
Y en la nevada yo recibí la magia arhuaca, triste ritual, y en las montañas de Ariguaní, la madre monte traté de amar.
Ay, pero llevo en el alma una ansiedad…”.
‘El último embaucador’, dice mi amigo José Seferino Almazo que es la mejor canción del vallenato, le expresé a Santander mientras conversábamos.
“Así decía también Ernesto McCausland. Se la compuse a un amigo, El Mago Borletti, de Aracataca, Máximo Alfredo Hernández Durán era su nombre. Éramos amigos de parranda, imagínate la cantidad de anécdotas que tengo, ese era un vivazo, el ya murió, pero era un personaje maravilloso. Imagínate que a Gracia Márquez le preguntaron qué significaba la palabra bacán y el dijo: si quieren conocer un bacán vayan a Aracataca y pregunten por el Mago Borletti. Él nació en Guacamayas, pero se crió en Aracataca, él fue el que inspiró a García Márquez, el personaje de Melquiades, el mago en ‘Cien Años de Soledad’. Eran amigos de infancia. Aracataca es muy interesante, un espectáculo, García Márquez lo único que hizo fue transcribir lo que veía”, refiere Santander notablemente emocionado al hablar de dos grandes amigos, y yo más emocionada de oír hablar al otro más grande en letras, descendiente de la Zona Bananera, otro que solo transcribe lo que ve en nuestro enorme Macondo.
“Una vez leí un artículo en la revista de la Universidad del Rosario de un tipo, que es profesor de cirugía en la Universidad. El escrito era sobre el Mago Borletti y diseminada mi canción para describir a Borletti, una cosa muy bien hecha. Entonces le escribí y nos hemos hecho los grandes amigos. Resulta que el médico es mago. Un día me dijo venga conmigo y me llevó a su residencia, y a la de otro que hace magia china. Una gente muy organizada y con mucho dinero. Imagínate que nos recibió el mayordomo, nos abrió la puerta del carro y de la casa, como los ingleses. Pasamos toda la noche en tertulia. El tema obviamente, el Mago Borletti, que para mí era solo un compañero de parranda, para ellos era un personaje nacional importante, condecorado y todo, y ahora soy miembro del círculo de magos de Bogotá”, anota Santander Durán.
Me río y preguntó ¿y haces magia?
“Sí, hago magia con la palabra”, concluye.








