El pasado fin de semana fui invitado al municipio de Nocaima, Cundinamarca, donde se realizó la décima versión del Festival Panche de Acordeones, en homenaje a la dinastía Romero de Villanueva, La Guajira, y hoy quiero compartir con ustedes lo que vi y percibí en esa hermosa población de la provincia de Gualivá, a menos de una hora de Bogotá.
Esta no es la primera vez que me invitan a ese hermoso festival y la verdad, todas las veces que he ido me siento como en casa, la hospitalidad de su gente y el amor por la música vallenata es algo digno de resaltar. Me parece increíble cómo en Nocaima, me cuentan sus habitantes, viven pendientes de lo que escribimos en esta columna y pude comprobar que buena parte de su población respira vallenato.
Que a un grupo de compatriotas residentes a tantos kilómetros de La Guajira se les ocurra homenajear a los hermanos Romero Ospino, por su aporte a la música vallenata, encabezados por Rosendo, el poeta de Villanueva y sus hermanos, todos acordeoneros y músicos de grandes virtudes, es algo maravilloso y un ejemplo para muchísimos festivales del Cesar y La Guajira.
Buena parte de nuestros festivales vallenatos ahora se han dedicado a rendirle homenaje a personas que tienen o tuvieron alguna relación con el alcalde de turno, independientemente de si hicieron algún mínimo aporte al folclor.
Qué bonito ver a los nocaimeros abrazar a Rafael, Norberto, Limedes y a Rosendo, el más conocido y querido en el pueblo. La gente se veía feliz de tenerlos en esa tierra, en el conversatorio que se realizó en la biblioteca municipal les preguntaron sobre su vida, ellos contaron anécdotas muy íntimas y explicaron las razones por las cuales no pudieron asistir Misael e Israel. Por las calles de Nocaima les pedían fotos y autógrafos, en la noche cuando subieron a la tarima la gente los aplaudió a rabiar.
Le escuché decir a Limedes Romero Ospino que Nocaima es el pueblo de Colombia donde le gustaría nacer y vivir después de Villanueva, pero esa misma frase se la había escuchado ya a Rosendo hace algunos años, ellos explicaron cómo asocian la Serranía del Perijá, el Cerro Pintao y las montañas de Villanueva con toda la topografía de Nocaima. Dijo Rosendo que buena parte de los pueblos que hacen parte de la Cordillera Oriental colombiana como Nocaima y Villanueva, tienen un común denominador y es su cultura y el amor por la poesía y la música.
Para realizar este festival en homenaje a los Romero Ospino, fue importante que los alcaldes de Nocaima y Nimaima hicieran causa común, el primero por dirigir el pueblo de la región que más le gusta el vallenato y el segundo por ser el gestor y alma de ese evento, que ya cumplió su primera década. Vimos trabajar hombro a hombro a Alejandro Matiz y a John Jairo Escobar, cada uno desde sus competencias y conocimientos.
Por último, debo decir que la organización de los concursos y la calidad de los participantes fue excepcional y ese festival es un ejemplo para muchos.
Colofón: En la cuarta versión del Festival Un Canto al Río, el día 31 de agosto en el Parque la Provincia de Valledupar, tendremos una tarde de compositores, ya están confirmados: Mateo Torres, Sergio Moya Molina, ‘Checha’ Blanco, Issac Calvo, además de El Trío de Oro y seguimos conversando con otros, para que totalmente gratis los asistentes al único festival ecológico de Colombia tengan la oportunidad de disfrutar y escuchar de la voz de sus propios creadores, éxitos del vallenato.








