Preocupante el volumen de muertes que diariamente se registran en el departamento de La Guajira debido a homicidios y accidentes de tránsito, originando globalmente más de 700 muertes entre una y otra forma, con muchas personas heridas durante la vigencia del año 2025, afectando a múltiples familias por las muertes violentas que entristece y enlutan el círculo de parentesco y consternan el ámbito social, lo cual deben ser analizado, controlado y amparado por autoridades competentes con la finalidad de prevenir acciones violentas que pongan en peligro la vida humana en el territorio peninsular de Colombia.
El mayor número de homicidios es ejecutado por ataques sicariales, comprometiendo a organizaciones criminales que operan al margen de la Ley, denominadas guerrillas, paramilitarismo, clanes, bacrines, mafias y demás delincuentes comunes dedicados a operaciones delictivas que conllevan intimidaciones y amenazas de muerte a quienes incumplan sus órdenes y pretensiones.
Ejercen prácticas de ejecuciones internas entre sí y de limpieza contra quienes delinquen o le compitan rivalidad territorial en negocios de microtráfico, zonas y lugares barriales residenciales, independientemente de personas víctimas asesinadas por causa de extorsiones o vacunas exigidas que manejan actividades comerciales, de servicios y de rentabilidad, declarando objetivo de muerte sino cumplen con la obligación impositiva, pagando las cuotas que les fijan de manera mensual o diaria, cuyos recursos económicos los utilizan para sostener el grupos de sicarios a su servicio constante y permanente, aun cuando la mayor fortaleza financiera de las citadas organizaciones proviene de negocios del narcotráfico.
Maicao, Riohacha, Fonseca, Dibulla, Albania y Uribia han sido los municipios que más muertos han sumado durante este año, a diferencia del antiguo territorio villanuevero, del que segregaron El Molino, Urumita y la Jagua del Pilar, conjuntamente con Distracción y Hatonuevo, con bajos índices de muertes. Manaure, Barrancas y San Juan del Cesar, quedan intermedios. En algunos casos han arrojados los cadáveres de personas que no residen en territorio guajiro, otros son venezolanos residentes y ambulantes, pero estadísticamente los registran como ocurridos en determinada municipalidad.
En La Guajira han ocurrido varias masacres en hechos que son objeto de investigaciones, pero el 90% terminan archivadas en impunidad por negligencia y omisión de las autoridades penales que en la mayoría de las veces justifican no abrir investigación por que nadie ha denunciado el hecho, como si no fuera suficiente la notoriedad veraz de hechos, la divulgación periodística y la actuación policial, para abrir oficiosamente una severa investigación, indiferentemente de quiénes sean las víctimas.
En La Guajira se vivieron confrontaciones armadas entre familias que dejaron una tendereta de difuntos, pero hoy en día está superado por muchos acuerdos de paz suscritos con intermediación de gestores garantes, entre los cuales puedo mencionar al exgobernador del Departamento, Juan Francisco “Kiko” Gómez Cerchar.
La bonanza marimbera también fue violenta y estuvo cargada de muertes por los desbordados volúmenes de armas usadas con cacha fuera y lista para descargar disparos al aire en estado emotivo de embriaguez etílica, con entonaciones viciosas, pero todo quedó en el registro histórico. Hoy los actores principales de las citadas organizaciones no son de origen guajiro, sin desconocer la existencia de guajiros utilizados para variadas actividades de forma secundaria y subsidiaria en calidad de sicariato mediante el reclutamiento de jóvenes adoctrinados al servicio de la extorsión, armas y cumplimientos de órdenes.
La accidentalidad en todo el territorio guajiro es alarmante en cuanto a la circulación de motorizados terrestres (vehículos), carros y motocicletas, contabilizándose más de 9000 víctimas en el curso de año 2025 entre muertos y heridos, ocasionando afectaciones de salud de muchas personas, víctimas de diarios accidentes que ponen en peligro la vida humana.
La educación es el medio propicio para enseñar, orientar e informar, entendernos y guardar respecto mutuo en la forma de manifestación agradable, cordial y fraternal, que se refleje en la movilidad de personas, vehículos, animales y hasta robot andantes. Es necesario aprender y respetar las señales de tránsito. De incumplirla y violarla, se expone a la accidentalidad. Las señales previenen, orientan en las vías, regulan velocidades e informan de sitios y lugares identificados con logos o avisos.
La accidentalidad se origina por distintos factores previstos e imprevistos, por falta de controles, descuidos, ignorancia, causas mecánicas y extralimitaciones e irresponsabilidad, generando siniestros y muchas muertes como están ocurriendo en La Guajira, áreas urbanas y vías rurales en mal estado complementado con excesos de velocidad que también campean en las ciudades con motorizados transitando a extremas velocidades y en horas nocturnas sin luces encendidas.
Los datos estadísticos de muertes violentas deben ser objeto para que los mandatarios municipales y departamental tomen todas las medidas pertinentes para ejercer controles preventivos y garanticen la seguridad y el orden público en convivencia social y comunitaria. A falta o en ausencia permanente de autoridades competentes, las organizaciones delincuenciales ocupan ese lugar ejerciendo dominios con extorsiones, limitaciones de libertad y persecuciones intimidatorias y amenazantes contra quienes no comulguen con sus acciones criminales e incumplan o desobedezcan las órdenes impartidas. El alto índice de fatalidad en accidentalidad no solo debe originar lamentos y duelos, sino más prevención para evitarlo. Con inacción e indiferencia se incrementará la causa siniestra progresivamente cada año.
Nota: manifiesto sentidas condolencia y solidaridad con el dolor, a mi excompañero de trabajo, doctor Miguel Pitre Redondo, a su señora esposa, doña Mireya Ruiz, hijos y de más familiares, por la pérdida irreparable de sus hijos profesionales, Miguel Andrés, excelente abogado, con amplia experiencia en la trayectoria administrativa. Desempeñó varios cargos en Bogotá, ministerios de Minas y Energía, Justicia y en el Consejo de Estado, magistrado auxiliar, asesor de la Gobernación de La Guajira, exaspirante a las alcaldías de Riohacha y Dibulla, en las cuales también fue asesor, y por último a la Cámara de Representantes, y también su hermano Lennis Pitre Ruiz, profesión deportista. Desde niño conocí a esos muchachos porque constantemente visitaban la institución departamental de tránsito, cuando su padre, Miguel Francisco, ejercía como subdirector técnico y el suscrito, director del Tránsito de La Guajira-Intradegua. Se apagan las vidas de dos jóvenes con mucho futuro y una calidad eminente y promisoria. Dios los tenga en su Santo Reino. Paz en la eternidad y fortaleza a su familia y amistades.







