La historia de La Guajira está marcada por contrastes y ha sido crucial en la conexión de Colombia con el mundo, conexiones relacionadas mediante comercio, el intercambio cultural y una amplia gama de actividades portuarias, pesqueras, turísticas y energéticas; así se consignó en su Plan de Desarrollo pero con una realidad que la podemos resumir en una frase: Conexión todavía fallida; no hay una fecha definida para que sea una realidad, ya que es un objetivo que se construye día a día, pero sin egoísmos ni pugnas por el poder.
Cuando se habla de La Guajira, el debate suele oscilar entre la tragedia y la resignación, pero este querido pedazo de tierra, rica en historia y cultura, no está condenada ni a la pobreza ni al olvido pero hay que dejar de mendigarle al Gobierno nacional, me uno a las acertadas palabras del secretario de Gobierno departamental Misael Velázquez Granadillo, quien en una gallarda intervención en la Cumbre de Gobernadores señalo que “los guajiros no queremos que a este Departamento se le mire con lástima. Exigimos que se nos escuche con dignidad y nos permitan participar de su desarrollo”.
En el verdadero desarrollo de La Guajira, no mencionar a El Cerrejón es ignorar nuestra realidad económica, no es solo una mina de carbón, sino el corazón productivo de la región, sin esta fuente qué sería de nosotros; el verdadero desarrollo es un proceso complejo que requiere un cambio de actitud, inversión en infraestructura y servicios básicos, y un enfoque en la sostenibilidad, la inclusión social y una continuidad sin espejos retrovisores.
La Guajira celebró sus 60 años (ya es una adulta mayor), con bombos y platillos, como epicentro del deporte y turismo, con Cumbre de Gobernadores a bordo y la versión de su Festival Francisco El Hombre, todo un éxito, válido y bonito, se movió la economía doméstica, hoteles con el 100% de ocupación, restaurantes abarrotados, muchos visitantes, taxistas y líneas aérea contentos y satisfechas, todo un éxito, pero vuelvo a la intervención del secretario de Gobierno, “se han visto pasar gobiernos, caravanas de promesas y aplazamientos eternos. La Guajira exige inversión real, oportunidades dignas, voz propia en las decisiones que la afectan y respeto por su gente”.
El desarrollo comienza con una transformación en la forma en que se gestionan las oportunidades y los desafíos locales y globales. Esto implica un enfoque en la construcción de un futuro sostenible a través de la flexibilidad, la exploración de diferentes caminos y el monitoreo constante de los resultados, la continuidad de proyectos vitales para la península de un Gobierno a otro, es el camino.
‘Cumpliendo la Palabra’, es una promesa seria de este Plan de Desarrollo, la falta de acceso a agua potable, saneamiento, energía y vivienda adecuada son barreras importantes para el desarrollo, proyectos como la entrega de obras de agua potable y mejoras habitacionales son pasos importantes en la dirección correcta. Invertir en la educación, la salud y el desarrollo de capacidades de la población, especialmente de las comunidades indígenas, es fundamental para crear una base sólida para el progreso.
La Guajira tiene un gran potencial turístico, agrícola y pesquero, pero es crucial que este desarrollo sea sostenible y respetuoso con el medio ambiente y las culturas locales, como la wayuú y las de la Sierra Nevada de Santa Marta. El desarrollo debe ser participativo e inclusivo, involucrando a todos los sectores de la sociedad, especialmente a las comunidades, quienes históricamente han sido marginadas.
En resumen, el desarrollo de La Guajira debe ser un proceso continuo; el avance en estos aspectos, a través de políticas públicas efectivas y una gestión transparente, allanará el camino para un futuro más próspero y equitativo para La Guajira. Como terminó Misael Velásquez su intervención, “no queremos que nos miren como un caso de emergencia permanente, sino como un territorio de potencial humano y cultural. No mendigamos atención, exigimos equidad”.








