Opinión Diario del Norte
Opinión

Carlos Robles Julio: el hombre que le dio un vuelco de 360 grados a Uniguajira

El alma académica que se ha abierto camino en el concierto nacional.

Desde la llegada de Carlos Robles Julio a Uniguajira, la Alma Máter comenzó a percibir una nueva dinámica académica.

El alma académica que se ha abierto camino en el concierto nacional.

Ya leíste tus notas gratis. Inicia sesión o crea una cuenta gratuita para seguir leyendo sin límite.

Hay instituciones que necesitan un administrador. Otras necesitan un gerente. Pero hay momentos en la vida de una institución en los que se necesita algo mucho más grande: un líder capaz de entender el momento histórico, interpretar las circunstancias y atreverse a cambiar el rumbo sin perder la esencia. Eso es lo que, a mi juicio, ha venido ocurriendo en la Universidad de La Guajira bajo la rectoría de Carlos Robles Julio.

Uniguajira no es una institución cualquiera. Es el alma académica de un Departamento que durante décadas ha tenido que luchar contra las adversidades para abrirse camino en el concierto nacional. En sus aulas se han formado generaciones de profesionales que hoy sirven a La Guajira, a Colombia y al mundo. Por eso, hablar de la universidad es hablar también de nuestro propio destino.

Desde que Carlos Robles Julio asumió como rector, se comenzó a percibir una nueva dinámica. Una especie de corriente renovadora que fue penetrando distintos espacios de la institución y que hoy permite hablar de una universidad que se está mirando a sí misma con otros ojos y que, al mismo tiempo, está siendo mirada de manera diferente por la sociedad.

No es solamente cuestión de obras, proyectos o cifras. Las verdaderas transformaciones institucionales se perciben también en el ambiente, en la confianza, en la manera como una comunidad comienza a sentir que su institución tiene dirección y propósito.

Y eso es precisamente lo que muchos integrantes de la comunidad universitaria han venido reconociendo en la gestión de Robles Julio: una conducción que busca ordenar, fortalecer, proyectar y colocar a Uniguajira en el lugar que merece dentro del sistema de educación superior colombiano.

La universidad es como un gran árbol. Sus estudiantes son las hojas que anuncian el futuro; sus profesores son las ramas que sostienen el conocimiento; sus investigadores son las raíces que penetran profundamente en la realidad; sus trabajadores son la savia que mantiene vivo el organismo y sus egresados son las semillas que llevan su nombre por todos los caminos.

Un rector que comprenda esa dimensión sabe que no puede gobernar solamente desde una oficina. Tiene que caminar los pasillos, escuchar a la comunidad, comprender las necesidades de los docentes, mirar a los estudiantes a los ojos y entender que detrás de cada matrícula existe una historia humana y detrás de cada título hay una familia que depositó allí una esperanza.

Ese componente humano resulta fundamental en la valoración que hoy se hace de la gestión de Carlos Robles Julio.
Porque una universidad no se transforma únicamente con presupuesto. Se transforma también con confianza, diálogo, disciplina, visión y capacidad de convocar. Y cuando esos elementos comienzan a encontrarse, la institución adquiere una nueva energía.

Uno de los grandes desafíos de Uniguajira ha sido precisamente consolidarse como una universidad moderna, competitiva y conectada con las necesidades reales del territorio. La Guajira no puede darse el lujo de tener una academia distante de su realidad.

Necesitamos una universidad que estudie nuestros problemas y ayude a resolverlos; que investigue el agua cuando el agua es una de nuestras mayores preocupaciones; que mire la transición energética cuando el Departamento está llamado a desempeñar un papel fundamental en ese proceso; que estudie el campo, el turismo, la cultura, el medio ambiente, la economía y las nuevas tecnologías.

Una universidad que conozca a La Guajira desde la teoría, pero también desde el territorio.
En ese propósito, la gestión rectoral tiene un desafío enorme: convertir el conocimiento en una herramienta de transformación social. Porque el verdadero prestigio de una universidad no se mide únicamente por la cantidad de profesionales que gradúa, sino también por la capacidad de esos profesionales para transformar positivamente la sociedad.

Y allí aparece otro aspecto que merece reconocimiento: el papel de los docentes y catedráticos. Ellos son los grandes artesanos del conocimiento. Cada clase, cada investigación, cada conversación académica puede cambiar la vida de un estudiante.
Fortalecer al profesor es fortalecer la universidad. Escucharlo, dignificar su labor y generar condiciones para que pueda desarrollar su trabajo académico es una inversión directa en el futuro de La Guajira.

Los estudiantes, por su parte, constituyen el corazón palpitante de Uniguajira. Son ellos quienes justifican cada esfuerzo administrativo, cada programa académico, cada laboratorio, cada investigación y cada proyecto. Una universidad pública tiene sentido cuando logra convertirse en una puerta abierta para quienes no tuvieron otras oportunidades.

Por eso, el crecimiento de Uniguajira tiene una dimensión social que va mucho más allá de las paredes de sus sedes. Cada joven que logra convertirse en profesional representa una historia de movilidad social. Detrás de ese diploma muchas veces está el sacrificio de una madre, el esfuerzo de un padre y el sueño de toda una familia.
Carlos Robles Julio parece haber entendido que administrar una universidad pública significa administrar también esperanzas.
Y quizás allí está una de las claves para comprender el reconocimiento que hoy recibe su gestión.

Lo último