La propaganda imperialista cierra todos los sentidos del ser humano, al estilo de Shakira: ni oye, ni ve, ni entiende; perdemos la orientación, hasta los más encumbrados poseedores de conocimiento se convierten en autómatas, elementos funcionales del desastre, de la hecatombe, de la perversidad capitalista. Todos en función del dinero. Todos ideologizados en defensa del capital y los capitalistas; es quizás, la obra más ponderada de los ricos; enrumbar a los pobres e incluso a los llamados progresistas tras de sí. El independentismo político que tanto pulula es parte de su obra, hasta arrogantes e ignorantes los vuelve. La propaganda imperialista enceguece, altera los nervios, distorsionan el gusto, acondiciona las papilas dérmicas a través del llamado marketing y, los religiosos, son el culmen de su obra.
El imperialismo es tan astuto, por decirlo así, que en el mismo campo de la izquierda, para que nos entendamos, nos supedita las opciones que no pongan en riesgo sus intereses: el capital; al parecer, cambió donde no hay cambios; por eso se demonizan las actitudes revolucionariasm por su firme decisión de cambios profundos que conlleven a la liberalización integral del hombre: ideológica y políticamente.
Para la guerra, el imperialismo necesita ganar adeptos y los gana, un inmenso ejército de conversos que defienden lo que no les compete, lo que no le es propio, lo que les perjudica, les hace daño; y como es de auto conocido, repetir la mentira es de sus mandamientos más fuertes para convertir la mera idea falsa en una roca, trasladada a la cabeza del desprevenido pensante; y frente a los que el imperialismo y su propaganda no logran domeñar cae todo el peso de la denigración y la maledicencia, entonces, se eleva la contienda al campo militar, a la desaparición del enemigo a como dé lugar.
Caso concreto en la actualidad lo constituye el presidente venezolano Nicolás Maduro, no solo recae sobre él la propaganda repetitiva de bruto, torpe, imbécil, maburro, etc. Como no han podido con él y se mantiene firme frente a la defensa de su recursos más preciado, el petróleo, lo vinculan a los carteles de la droga para allanar la vía del magnicidio, le infestan el mar Caribe de barcos de guerra para aislar a su país, etc, etc. El imperialismo no tiene conmiseración de nadie.
Hace semana y media, en la 80 Asamblea de la ONU se asistió al espectáculo más bochornoso del imperialismo: el recibimiento como héroe por parte de los ‘Yanquis’ del criminal confeso yihadista, Ahmed al Sharaa, quien se reunió con Trump tras el levantamiento de sanciones de EE. UU, a Siria, los ‘gringos’ no median, ni rayan en lo moral, ni el escrúpulo, ellos, los ‘demócratas’ habían ofrecido 10 millones de recompensa por su captura, pues ahora con él -Ahmed al Sharaa- le ganaron en Siria el pulso a las otras potencias imperialistas: China y Rusia.
En todas las potencias imperialistas de la época, que algunas abogan por el multilateralismo, impera el capital financiero; es en últimas, el que define las relaciones y su tipo, de acuerdo a las condiciones en que se desenvuelve el capital y su tasa de ganancia, siempre buscando una mayor tasa, o la máxima; la guerra es la única salida para restablecer sus ganancias y apoderándose de sus recursos naturales. Ningún país en el mundo está exento de caer en guerra, la guerra está orientada fundamentalmente contra la clase obrera y los pueblos, contra ellos recae esencialmente la guerra política, ideológica y militar. La trinchera de los obreros y el pueblo es la unidad de clases; y en América Latina, el internacionalismo proletario, los obreros colombianos y venezolanos tienen la misma causa: la lucha contra el imperialismo norteamericano.
La tarea del momento es estrechar la solidaridad más amplia de nuestros pueblos –la clase obrera, campesina, comunal, etc.–, los acuerdos binacionales no deben quedarse en el mero marco de la actividad comercial e industrial, que no está demás, sin la participación de la unidad proletaria. Sin la participación de las organizaciones políticas y sociales del pueblo, es limitada la lucha contra el imperialismo.








