La iniciativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de incentivar inversiones privadas para reactivar la industria petrolera venezolana en un plazo de 18 meses enfrenta escepticismo entre las grandes compañías del sector, debido a la falta de claridad política, el deterioro de la infraestructura y los altos costos financieros.
Tras la captura de Nicolás Maduro, Trump planteó compensaciones a las petroleras interesadas en operar en Venezuela, mientras el secretario de Energía, Chris Wright, confirmó un diálogo activo con empresas de gas y petróleo. Sin embargo, reconoció que la recuperación del sector exigirá decenas de miles de millones de dólares y un tiempo considerable, en un contexto donde Washington mantendría el control de las exportaciones de crudo.
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Expertos advierten que las decisiones de inversión responden a horizontes de largo plazo y no a anuncios políticos. Venezuela, pese a contar con las mayores reservas del mundo, produce apenas el 1% del petróleo global, con una caída significativa desde 2008 por falta de inversión y más de 28.000 pozos inactivos.
La incertidumbre institucional y los antecedentes de expropiaciones continúan siendo los principales frenos para el interés de las petroleras internacionales.








