Editorial Diario del Norte
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No aparece el agua en Riohacha

Los usuarios del servicio de acueducto en Riohacha, parece que perdieron la capacidad para reclamar. Ahora, imploran a la empresa Aqualia, para que les amplíe la sectorización en…

Los usuarios del servicio de acueducto en Riohacha, parece que perdieron la capacidad para reclamar. Ahora, imploran a la empresa Aqualia, para que les amplíe la sectorización en unas horas, a fin de poder llenar unas cuantas pimpinas con el preciado líquido.

Lo anterior, es real. Lo dicen en todos los barrios. La gente ya no duerme cuando les toca la sectorización. Todos colocan turbinas para tratar de jalar un poco de agua. A muchos no les llega nada. Los más afortunados, llenan media alberca.

La empresa Aqualia, tiene a un excelente gerente: Manuel Olivella, exempleado de Cerrejón, un profesional serio. Conoce bien su oficio. Habla de frente y con la verdad. El problema es que las cosas no le salen. El agua se la roban a mitad del largo camino de 46 kilómetros entre la planta de tratamiento y los usuarios legales.

La planta de tratamiento de Aqualia genera unos 660 L/s, pero más del 50 % se pierde antes de llegar a la ciudad: cerca de 26 millones de litros al día, lo que equivale a más de 2.500 carrotanques vacíos.

En momentos críticos, la llegada de agua se reduce drásticamente: solo 200 L/s, cuando la demanda real es de 1.000 L/s.

Estas pérdidas se atribuyen a fugas, más de 100 conexiones ilegales especialmente en la línea principal, extracción clandestina para uso agrícola y ganadero —en un caso incluso se desviaban 40.000 L/día hacia una finca con búfalos.

Diariamente los usuarios legales, si así se pueden llamar, despiertan con la incertidumbre de si habrá agua en sus hogares. Este drama no es nuevo, vivimos una crisis que parece no tener fin. El líquido vital, que debería ser un derecho garantizado, se ha convertido en un lujo al alcance de pocos, mientras la mayoría enfrenta días enteros sin una gota que calme la sed, limpie los hogares o permita la higiene básica.

Los más pudientes logran un poco de agua, contratando los servicios de los camiones cisternas que se abastecen en las propias instalaciones de Aqualia, en donde le venden el servicio.

En cada campaña electoral a Presidencia, Congreso y las territoriales, se hacen las mismas promesas, pero nada se cumple. A Riohacha la surte el río Tapias, que baja de las faldas de la Sierra Nevada. También tiene soportes subterráneos, que funcionan a medias, pero que costaron una millonada.

Es hora de exigir con firmeza un plan real, transparente y ejecutable para garantizar el suministro permanente. Riohacha no puede seguir siendo una ciudad a merced de la improvisación. El agua no puede seguir ‘desaparecida’. La ciudadanía merece una respuesta clara y definitiva, porque sin agua no hay vida, y sin vida no hay futuro para La Guajira.