¡Qué dolor! El odio acabará con nuestro país. Una frase que parece de cajón, pero que se convierte en una expresión premonitoria. La pronunció esta vez, Laura Sarabia Torres, una joven mujer que a sus 31 años es la Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, pero que además acumula una experiencia en el primer gobierno progresistas de Gustavo Petro.
Las diferencias sociales, regionales, raza y de colores políticos, han venido inoculando graves resentimientos, que se atizan con brazas de odio, las cuales se calientan y agudizan cada vez que estamos ad portas de procesos electorales.
Parece que nada ha cambiado desde los famosos tiempos de independencia, en donde se cambiaban gobiernos con una facilidad pasmosa. De nada han servido las guerras triviales entre liberales y conservadores.
Las heridas no han cicatrizado con la inmolación de líderes como Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo, y miles de activistas de todos los sectores políticos, quienes han sido víctimas del odio visceral, que va en aumento en este país, en donde llevamos más de 200 años en una guerra fratricida, que solo busca ostentar un poder para saquear las arcas del Estado.
Con cada crimen abundan los pronunciamientos, brotan las lágrimas, nacen las propuestas de reconciliación, pero después todo se convierte en espuma y las diferencias van en aumento.
El país acaba de sacudirse nuevamente, porque un joven se mezcló en una manifestación popular del precandidato por el partido Centro Democrático, Miguel Uribe y le disparó a corta distancia, sin importar lo que pudiera pasar.
“Lo hice para ayudar a mi familia”, lo gritó el muchacho, cuando fue atrapado por una turba enardecida que, acompañada de la seguridad del líder político, evitaron que huyera.
Falló la seguridad del Estado. Lo dijo Laura Sarabia, la canciller. Siempre ha sido así. A mediados del siglo pasado, cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán, falló la inteligencia. Se agudizó la guerra entre liberales y conservadores, vino el golpe de Estado del General Rojas Pinilla, y luego la creación del famoso Frente Nacional, y el nacimiento de grupos armados como la Farc, ELN, M-19, EPL, paramilitares, narcotráfico y crecieron las bandas delincuenciales.
La tea política está encendida. Está ardiendo. La alimentan desde diferentes sectores. Atrás quedaron las propuestas de paz. La guerra sectorizada abraza nuestro territorio. Cada grupo, quiere gobernar con sus ideales.
Hoy, la nueva víctima es Miguel Uribe Turbay, una figura joven, pero consolidada en la política nacional. Hijo de Diana Turbay, una periodista que fue sacrificada en los tiempos de terror implantado por Pablo Escobar.
Vivimos en un país en donde reina el manto de las estigmatizaciones. Nada vale. Es tan grave la situación que cada gobierno quiere hacer su propio proceso de paz, ignorando los acuerdos anteriores.