Editorial Diario del Norte
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Gas, o volver a la leña

Colombia, volveremos a la leña y el carbón vegetal como único combustible para preparar los alimentos hogareños. Esa parece ser la triste realidad y las consecuencias de pretender…

Colombia, volveremos a la leña y el carbón vegetal como único combustible para preparar los alimentos hogareños. Esa parece ser la triste realidad y las consecuencias de pretender…

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Colombia, volveremos a la leña y el carbón vegetal como único combustible para preparar los alimentos hogareños. Esa parece ser la triste realidad y las consecuencias de pretender frenar las exploraciones y explotaciones de los recursos que tenemos en todo el país.

Hoy nuestro país, está comenzando a enfrentar una paradoja que merece una discusión nacional seria: una Nación que durante décadas produjo gas natural y que todavía cuenta con reservas, hoy debe prepararse para escenarios de estrechez en el suministro y recurrir a fuentes externas para garantizar un servicio esencial.

La preocupación dejó de ser una simple discusión de expertos. El pasado 25 de septiembre, el Ministerio de Minas y Energía adoptó medidas preventivas de racionamiento programado debido a una reducción temporal en la capacidad de entrega de gas importado de la planta de regasificación de Cartagena. La prioridad fue establecida para hogares, hospitales, colegios, transporte masivo y otros usuarios esenciales.

La situación vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo llegó Colombia a esta circunstancia teniendo producción propia y habiendo construido, hace casi dos décadas, una infraestructura para la integración energética con Venezuela?

El gasoducto Antonio Ricaurte fue inaugurado en 2007 y conectó Ballena, en La Guajira, con Maracaibo. La infraestructura tiene una longitud cercana a los 220 kilómetros y fue concebida bajo el principio de complementariedad: primero Colombia abastecería a Venezuela y posteriormente el flujo se invertiría para que Venezuela suministrara gas a Colombia.

El contrato firmado posteriormente entre Ecopetrol y Pdvsa contempló precisamente el suministro de gas venezolano hacia Colombia. Ecopetrol mantiene registrado un contrato suscrito en 2007, con vigencia hasta 2027, asociado al suministro y transporte por el Antonio Ricaurte.

Pero aquella reversión nunca se consolidó como se había previsto.

Ahora aparece una nueva oportunidad. En marzo de 2026, los gobiernos de Colombia y Venezuela acordaron avanzar en una hoja de ruta para reactivar el gasoducto, incluyendo la reposición de un tramo de tubería faltante. Además, Colombia ha gestionado ante Estados Unidos las autorizaciones necesarias para que Ecopetrol pueda reactivar negocios energéticos con Venezuela.

Aquí La Guajira vuelve a ocupar un lugar estratégico.

No se trata simplemente de importar gas venezolano. Se trata de aprovechar una infraestructura que atraviesa nuestro territorio, recuperar una conexión energética concebida hace años y evaluar, con criterios técnicos, económicos, jurídicos y de seguridad energética, si esa integración puede convertirse nuevamente en una herramienta para el abastecimiento nacional.

El Antonio Ricaurte podría ser parte de esa respuesta. No como una solución mágica ni como sustituto de la producción nacional, sino como una pieza más de una estrategia de seguridad energética que Colombia necesita discutir sin prejuicios y con los ojos puestos en el futuro.

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