Doce meses después del arribo de Donald John Trump, a la Casa Blanca, en Colombia se hacen balances sobre sus efectos positivos y negativos y, el retorno y aplicación de las legendarias Doctrinas Monroe, rebautizada como ‘Donroe’ y el corolario Roosevelt, que ha marcado un hito desde 1.905, en las relaciones de Estados Unidos, con sus amigos.
Un año después, algunos analistas lo ven como un punto de inflexión significativo en la relación bilateral entre Estados Unidos y Colombia.
En 365 días de Administración Trump, se rompió la estabilidad que caracterizó la cooperación de décadas, hasta ahora, todo ha sido marcado por tensiones diplomáticas, retiros de visas al presidente Gustavo Petro y parte de su gabinete, ajustes en la cooperación y retos económicos que han obligado a replantear algunas estrategias bilaterales.
Históricamente, las relaciones entre EE.UU, y Colombia, fueron muy cercanas, especialmente en temas como seguridad y lucha contra el narcotráfico. Estos doce meses han marcado un marchitamiento muy profundo, solo apaciguado, por el reciente dialogo telefónico entre los dos presidentes.
Uno de los impactos fuertes, fue la determinación de la Administración Trump, que emitió calificativos contra Colombia, como ‘país que no coopera’ en la lucha antidrogas, una designación que no ocurría desde hacía casi 30 años, citando el aumento de cultivos de coca y el incumplimiento de metas de erradicación como argumentos para esta decisión.
A esto se suman los episodios diplomáticos de alto riesgo que definieron los primeros meses: la negativa de Colombia a recibir vuelos militares con deportados desde Estados Unidos, que desató amenazas de aranceles y sanciones económicas.
La lucha contra el narcotráfico, que desbocaron en una descertificación de Colombia, que conllevó a las críticas directas de la gestión del Gobierno colombiano y a la posterior suspensión o reducción de programas de asistencia internacional, incluidos algunos de la Usaid, han puesto en riesgo iniciativas clave de desarrollo social y sustitución de cultivos.
Desde el punto de vista económico, el impacto ha sido mixto. El comercio bilateral sigue siendo relevante: durante la primera Administración de Trump en 2017, cerca del 28% de las exportaciones colombianas se dirigieron a Estados Unidos.
La captura del entonces presidente Nicolás Maduro, puso a Colombia en el filo de la navaja, tras las advertencias del presidente norteamericano, que anunció que Colombia y México, podría correr con la misma suerte, mientras que toda la zona caribeña se encuentra militarizada con armamento pesado, para supuestamente ejercer un control al transporte de alucinógenos.
En suma, el primer año del Gobierno de Donald Trump ha redefinido profundamente la relación entre Colombia y Estados Unidos. Los lazos bilaterales, antes cimentados en cooperación firme en seguridad y comercio, ahora navegan aguas turbulentas marcadas por tensiones diplomáticas y ajustes en políticas.