El pueblo de El Molino, tierra de grandes cantores, vive por estos días su propio hervidero. Casi tres meses después a los ganadores del Festival del Cantante, no les han pagado sus premios. Entre la Fundación y la Alcaldía se tiran la pelotica, mientras que los artistas han tenido que recurrir a cobros con tinte macondianos, exigir el pago de los compromisos.
No es algo nuevo. En la variada historia de los más de 30 festivales que se realizan en los calurosos pueblos guajiros, en donde anualmente, se le rinde tributo a la música vernácula, fundamentada en la caja, guacharaca y acordeón, a los artistas no se les paga en tarima.
Desde lejanas tierras, llegan los artistas, vendedores de baratijas, los magos de la gastronomía que se inventan platos a bajo precios para saciar el apetito de los asistentes, ilusionados con ganar unos pesos con los festivales, que en el fondo son dinamizadores de las economías en la tierra de ‘Francisco El Hombre’.
El caso de El Molino, el ‘conejo’ a los artistas, cada día toma ribetes interesantes. La Fundación del Festival, presidida por Sindy Arias, hizo público un comunicado en donde, aclaraba que el alcalde Heraldo Manjarrez, no ha girado los aportes para el pago de algunos gastos, entre ellos, los premios.
El alcalde no se quedó callado, y ha ripostado con un comunicado en donde intenta aclarar que su compromiso fue cumplido: pagó los grandes conjuntos e hizo otros aportes. No es responsable de la premiación.
¿Quién o quiénes, le responden a los artistas? Es posible montar un espectáculo de esta naturaleza, sin tener las garantías financieras de poder cumplir a quienes se constituyen en el alma de los festivales, el sumo de los espectáculos, quienes alegran las plazas.
Si el Festival del Cantante, fue un evento previamente concertado entre la Fundación, la Alcaldía y aportantes privados, por qué ahora, cada quien le hace el esguince a las responsabilidades financieras.
No se justifica que, en algunas ciudades existan más de 10 festivales. En el caso de Riohacha, por razones políticas tres de los festivales, está amarrados a los intereses de los grupos electorales. No se fomenta la cultura, e incluso, uno de ellos, no reúne más de 200 personas durante su realización, pero proporcionalmente recibe, igual, o más, que aquellos donde la inversión requiere mucho dinero.
Llegó la hora para que los verdaderos gestores culturales, estudien la posibilidad de darle un viraje a la ejecución de estos eventos, a futuro existan las garantías para que los responsables de la organización cumplan con sus compromisos. Muchas organizaciones venden el evento a grupos empresariales privados, para que exploten los espacios públicos, pero nadie responde por los premios. ¡Nuestra cultura no puede seguir siendo pisoteada de es
El futuro de nuestros festivales
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