Tras las elecciones al Congreso del pasado 8 de marzo, se esperan mejores vientos legislativos para Colombia, pero en especial, para el departamento de La Guajira que, por primera vez, elige de forma directa, a tres senadores, que deberán hacer alianza con los dos representantes que llenarán las dos curules que tiene está región en la Cámara.
Con el cierre del preconteo y más del 99 % de las mesas informadas, Colombia eligió a su nuevo Congreso para el periodo 2026-2030, en un proceso en el que el Pacto Histórico se consolidó como la fuerza política más votada en el Senado con más de 4,4 millones de votos, seguido por el Centro Democrático, el Partido Liberal, la Alianza Verde y el Partido Conservador.
Los resultados electorales también evidencian una alta participación ciudadana en varios territorios del Caribe colombiano, lo que demuestra que, pese a las tensiones políticas y a los cuestionamientos que rodean históricamente los procesos electorales en algunas regiones, el electorado sigue viendo en las urnas una herramienta de cambio y representación.
La Guajira, con menos de un millón de ciudadanos habilitados para votar, vuelve a demostrar que tiene un peso electoral importante en el Caribe.
La elección de tres senadores: Alfredo Deluque Zuleta, Marta Peralta y Johanna Osorio, sumados a sus dos representantes: Jorge Figueroa Angarita y Juan Loreto Gómez Soto, debe interpretarse como una oportunidad histórica para que el Departamento tenga una voz más fuerte en los debates nacionales. Temas como la crisis humanitaria en comunidades indígenas, la seguridad en la frontera con Venezuela, el desarrollo del turismo sostenible, la transición energética y la lucha contra la corrupción regional requieren una representación parlamentaria articulada y comprometida.
Durante décadas, La Guajira ha sido noticia por escándalos políticos, intervenciones administrativas y graves indicadores sociales. Hoy, con mayor presencia en el Senado, el reto es transformar esa representación en gestión legislativa y resultados concretos para el territorio.
La historia reciente demuestra que tener congresistas no siempre se traduce en desarrollo regional. Por eso, el verdadero desafío para los nuevos senadores será superar las viejas prácticas políticas y trabajar con una agenda común que priorice los intereses de los guajiros.
Más que una victoria electoral, este momento debe entenderse como un punto de inflexión. Si los nuevos liderazgos logran convertir su poder político en proyectos, inversiones y reformas que impacten la calidad de vida de la población, La Guajira podría iniciar un camino distinto en el escenario nacional.
La política, al final, no se mide en votos sino en resultados. Y esa será, desde ahora, la verdadera prueba para quienes llegan al congreso con el respaldo de esta tierra.