Editorial Diario del Norte
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¿Del arroz al marañón?

La Guajira arrastra, desde hace décadas, una suerte de estigmatización que parece repetirse cada vez que en esta tierra surge una actividad económica con posibilidades de generar riqueza.…

La Guajira arrastra, desde hace décadas, una suerte de estigmatización que parece repetirse cada vez que en esta tierra surge una actividad económica con posibilidades de generar riqueza.…

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La Guajira arrastra, desde hace décadas, una suerte de estigmatización que parece repetirse cada vez que en esta tierra surge una actividad económica con posibilidades de generar riqueza. Desde los tiempos de la explotación de la perla hasta el carbón que durante décadas se ha exportado legalmente hacia Europa y Asia, distintos sectores productivos de la región han terminado bajo el cuestionamiento nacional.

La historia tiene varios ejemplos. Basta recordar lo que ocurrió con Puerto López y el floreciente comercio de Riohacha, incluida su importante actividad bancaria en siglos pasados. Más recientemente, la apertura económica impulsada durante el Gobierno de César Gaviria golpeó duramente a Maicao, mientras el contrabando terminó convirtiéndose en el argumento para justificar decisiones que transformaron su economía.

Durante el Gobierno de Gustavo Petro, el carbón guajiro también quedó en el centro de la discusión ambiental nacional. Ahora el debate llega al campo. El ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, ha cuestionado la rentabilidad del cultivo de arroz en La Guajira y ha planteado la necesidad de buscar alternativas como el marañón, el coco y el aguacate.

La propuesta merece ser analizada con seriedad, pero también con rigor. No basta con afirmar que un cultivo dejó de ser rentable y recomendar otro como sustituto.

El ministro ha señalado que los arroceros de Fonseca acumulan cinco quiebras y que los costos de producción, superiores a los diez millones de pesos por hectárea, frente a determinados niveles de rendimiento, hacen difícil sostener la actividad. Si esas cifras son correctas, deben convertirse en el punto de partida de un estudio profundo y no simplemente en la Sentencia de muerte de un cultivo tradicional.

La represa El Cercado tiene una capacidad cercana a los 194 millones de metros cúbicos y el Proyecto Multipropósito contempló inicialmente unas 18.536 hectáreas con potencial de irrigación en el sur de La Guajira.

El marañón puede ser una alternativa. También pueden serlo el coco, el aguacate u otros productos. Pero ninguno puede convertirse en una nueva palabra de moda.

La Guajira necesita construir su propia matriz agrícola, sustentada en estudios actualizados y elaborada con la participación de productores, universidades, gremios, Gobierno nacional, Gobernación, alcaldías y entidades técnicas.

El debate, por tanto, no debe ser contra el ministro ni contra el arroz. Debe ser por el futuro del campo guajiro.

Porque sería una contradicción histórica que La Guajira tenga agua almacenada, tierras con potencial productivo y una población campesina dispuesta a trabajar, pero termine diciéndole a sus productores que no cultiven.

La Guajira no necesita que le digan qué sembrar. Necesita que le ayuden a determinar, con ciencia, agua, tecnología, mercados y planificación, qué puede sembrar y cómo puede vivir dignamente de su tierra.

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