La tarea no será nada fácil. Lo primero es lograr hacer equipo con sinergia legislativa entre los guajiros, lógicamente aceptando las exigencias de los partidos y que se depongan las rivalidades regionales. Trabajar unidos, es la clave para que los senadores elegidos para el periodo 2026-20230, Alfredo Deluque Zuleta, Marta Peralta, Johanna Osorio, Alfredo Gascón; y los representantes Juan Loreto Gómez Soto y Jorge Figueroa Angarita, saquen su mejor repertorio para defender a este territorio que necesitas voces que lo hagan visible.
Las cifras no admiten maquillajes. La Guajira registra una pobreza monetaria del 65,1% y una pobreza extrema del 37,1%, ubicándose entre las más altas del país. A esto se suma una pobreza multidimensional que alcanza el 42,9%, con un impacto mucho más severo en las zonas rurales, donde llega al 65%. En otras palabras, la mayoría de los guajiros enfrenta carencias simultáneas en educación, empleo, vivienda y acceso a servicios básicos.
El desafío, entonces, no es menor: transformar estas cifras en oportunidades reales. Y allí aparece como eje estratégico el Proyecto Ranchería, una iniciativa que, bien ejecutada, podría convertirse en el motor de desarrollo agroindustrial del sur del Departamento. Su culminación permitiría garantizar agua para riego, impulsar la producción agrícola y reducir la dependencia casi absoluta de la minería, sector que hoy representa el 57,6% del PIB departamental.
Pero el Proyecto Ranchería no puede seguir siendo una promesa inconclusa. La historia reciente del Departamento ha estado marcada por obras a medio camino y recursos mal administrados. Hoy, más que discursos, se requiere gestión efectiva ante el Gobierno nacional para asegurar la financiación y ejecución total de sus fases pendientes.
A la par, los congresistas deberán priorizar proyectos clave en tres frentes urgentes. Primero, el acceso al agua potable, una deuda histórica que afecta a más del 50% de la población sin fuentes adecuadas. Segundo, la educación, donde apenas el 20,4% de los jóvenes accede a la educación superior, reflejando un cuello de botella crítico para el desarrollo. Y tercero, la diversificación económica, que permita reducir la dependencia extractiva y fortalecer sectores como el turismo, la agricultura y las energías renovables.
No menos importante será la vigilancia sobre la inversión pública. La Guajira no solo necesita más recursos, sino mejor ejecutados. La transparencia y el control político serán claves para evitar que los errores del pasado se repitan.
Los nuevos congresistas tienen ante sí una tarea compleja: pasar del diagnóstico a la acción. La Guajira no puede seguir siendo un territorio de estadísticas alarmantes y promesas incumplidas. Es hora de que su representación en el Congreso esté a la altura de sus urgencias y de su enorme potencial. Porque más que una responsabilidad política, lo que está en juego es la dignidad de todo un pueblo.