El resurgimiento del “Nuevo Liberalismo” (en adelante NL) en la arena política colombiana, se convierte en una bocanada de oxígeno para un ambiente político denso dentro del cual muchos electores no avizoran aún el candidato por el cual decantarse.
La “Coalición de la Esperanza” es la más afectada con esta decisión de la Corte Constitucional. Es indudable que uno de sus alfiles Juan Manuel Galán se cobijará bajo esta sombrilla roja que algún día fundó su padre, y que luego de tantas luchas jurídicas se logra abrir de nuevo y que se convierte en una llamativa propuesta que busca enrumbar nuestro país.
Es muy probable que líderes del NL que acompañaron a Luis Carlos Galán en sus campañas se vean abocados a volver a su casa, esta vez con una inmensa responsabilidad de proponer ideas que le permitan al partido ser una opción en las elecciones parlamentarias y presidenciales.
La tarea más difícil del NL es lograr demostrar que como su nombre lo dice, se trate de una propuesta “nueva” dentro del debate político que viene. Al hablar de NL es inevitable no traer a la mente la riqueza de la palabra “liberal” en sentido estricto. Sin embargo, en nuestro país a causa del tradicional Partido Liberal, encontramos que el mismo ha sufrido un desgaste progresivo en las últimas dos décadas, palpable en los últimos resultados electorales del partido, el cual no logró ni los 400 mil votos en la contienda presidencial pasada.
De acuerdo con Helena Rosemblatt y reciente libro “La historia olvidada del liberalismo” (2020), la palabra “Liberal” se utilizaba en el pasado para designar generosas concesiones de un soberano a sus súbditos o el comportamiento magnánimo y tolerante de una élite aristocrática; denotaba libertad, generosidad, civismo y compromiso con el bien común; sin embargo, ese mismo vocablo pasó a evocar un significado relacionado con “permitir que todo hombre persiga su propio interés a su manera según el plan liberal de igualdad, libertad y justicia”, como lo manifestó Adam Smith en “La riqueza de las naciones”.
Nuestros tiempos requieren el rescate de las raíces del liberalismo, para lograr un equilibrio con las nuevas acepciones que propenden el respeto de la autonomía de cada uno de los ciudadanos y sus derechos mínimos donde el Estado no puede inmiscuirse.
El filósofo paisa Estanislao Zuleta, decía en vida que “La mezcla explosiva de democracia y guerra sucia puede todavía resolverse a favor de la democracia”; esto nos lleva a ver con esperanza nuestro futuro y nos invita a volcarnos a las urnas y con ello dar un golpe en la mesa, como un acto de soberanía popular que nos permita resolver este alboroto a favor de la democracia.
En últimas la reaparición del “Nuevo Liberalismo” es un acto constitucional de democracia, que legitima un discurso diferente al cual también debemos escuchar y sopesar. Algunos adeptos fundacionales se unirán a sus banderas, esto sin el fantasma de la doble militancia. Ojalá se convierta en un partido reclutador de ideas esencialmente liberales.







