Editorial Diario del Norte
Editorial

Encuentro esperanzador

Colombia continúa con una deuda histórica con los habitantes de la periferia, los cuales parecen condenado la pobreza eterna. Uno de ellos, es La Guajira que, pese a…

Colombia continúa con una deuda histórica con los habitantes de la periferia, los cuales parecen condenado la pobreza eterna. Uno de ellos, es La Guajira que, pese a…

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Colombia continúa con una deuda histórica con los habitantes de la periferia, los cuales parecen condenado la pobreza eterna. Uno de ellos, es La Guajira que, pese a sus grandes riquezas mineras, su gran capacidad hídrica, y la resiliencia de su gente, vive sometida a una pobreza, que parece diseñada desde el interior del país.

Nos llena de mucha fe y esperanza, el encuentro que sostuvieron en las últimas horas, la embajadora de Israel, Vivian Aisen, el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond Baquero; el gobernador Jairo Aguilar Deluque y la gerente de Esepgua, Andreina García Pinto, reunión que abre una discusión, para ir más allá de los anuncios y traducirla en soluciones concretas.

El Departamento no puede seguir mirando el agua únicamente como una respuesta a la sed. También debe entenderla como un factor determinante para la seguridad alimentaria, la generación de empleo, la transformación del campo y la diversificación de su economía.

La represa del río Ranchería representa una oportunidad que merece toda la atención institucional. Su potencial para irrigar tierras productivas, dinamizar la agricultura y promover actividades turísticas y ecoturísticas debe traducirse en proyectos técnicamente viables, ambientalmente responsables y económicamente sostenibles.

La cooperación con Israel puede aportar conocimientos y tecnologías para mejorar el tratamiento, la distribución y el uso eficiente del agua. Las plantas desalinizadoras que impulsa Esepgua en la Alta Guajira también representan una alternativa que debe evaluarse con rigor, especialmente en materia de costos energéticos, mantenimiento, disposición de salmueras y sostenibilidad operativa. La tecnología es importante, pero debe estar acompañada de financiación estable, personal capacitado y capacidad institucional para garantizar que las soluciones perduren.

El desafío consiste, además, en reconocer que La Guajira no es un territorio homogéneo. Las necesidades de las comunidades indígenas dispersas, las poblaciones urbanas y los productores rurales son distintas. Por eso, cualquier estrategia debe construirse con participación comunitaria, respeto por los territorios y prioridades definidas según las necesidades de cada zona.

La Nación, el Departamento y los municipios tienen que articular sus inversiones, establecer metas verificables y explicarles a los ciudadanos cuánto se invertirá, cuántas personas serán beneficiadas y cuándo comenzarán a verse los resultados.

La Guajira necesita pasar de los diagnósticos a la ejecución. El agua debe llegar a los hogares, pero también convertirse en una herramienta para producir alimentos, fortalecer el campo y generar oportunidades. El verdadero éxito de estas alianzas no se medirá por las reuniones realizadas, sino por los acueductos que funcionen, las comunidades abastecidas y las hectáreas que puedan producir sin poner en riesgo el recurso.

Porque en La Guajira, aprovechar el agua con inteligencia y justicia no es solamente una apuesta económica: es una condición indispensable para construir un futuro con dignidad.

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