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Yésika Martínez, la mujer wayuu que promueve los derechos humanos desde la Policía en La Guajira

Desde la ranchería Palamana, en la Alta Guajira, hasta las filas de la Policía Nacional, Yésika Martínez González ha construido una trayectoria marcada por la perseverancia, sus raíces…

Desde la ranchería Palamana, en la Alta Guajira, hasta las filas de la Policía Nacional, Yésika Martínez González ha construido una trayectoria marcada por la perseverancia, sus raíces…

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Desde la ranchería Palamana, en la Alta Guajira, hasta las filas de la Policía Nacional, Yésika Martínez González ha construido una trayectoria marcada por la perseverancia, sus raíces wayuu y el compromiso con los derechos humanos.

Su infancia transcurrió entre el pastoreo de cabras y ovejas, la búsqueda de agua y leña y las labores del hogar. Su abuela fue fundamental en su formación, pues le transmitió los saberes ancestrales y la acompañó durante el encierro tradicional wayuu. Las dificultades económicas también marcaron su etapa escolar, pero no frenaron sus aspiraciones.

Aunque su familia temía que no lograra ingresar a la institución, Martínez persistió en su sueño de convertirse en policía. Para costear su preparación, trabajó en una tienda de ropa y en un establecimiento de comidas rápidas.

El 16 de enero de 2012 inició su formación policial. Posteriormente, se graduó como psicóloga, especialista en Educación para la Paz y Formación Ciudadana y magíster en Ciudadanía y Derechos Humanos. Durante ocho años prestó sus servicios en Maicao, donde también trabajó como enlace con la población LGBTIQ+.

Actualmente, desde el Grupo de Derechos Humanos del Departamento de Policía Guajira, utiliza el wayuunaiki para acercar a las autoridades a las comunidades indígenas y promover el diálogo como mecanismo para resolver conflictos. En este proceso, ha conocido los métodos ancestrales de la Junta Mayor de Palabreros para facilitar acuerdos entre clanes.

A sus 34 años, Martínez combina su labor institucional con la crianza de sus dos hijos sin perder el vínculo con su cultura. Su historia se suma a la de las 44.237 mujeres policías mencionadas en la cifra institucional de este homenaje, quienes sirven en distintas especialidades y regiones del país.

Su trayectoria refleja cómo la identidad cultural puede convertirse en una fortaleza para el servicio público y la defensa de los derechos humanos.

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