Los mandatarios pueden tener preferencias y exclusividad.
Ya leíste tus notas gratis. Inicia sesión o crea una cuenta gratuita para seguir leyendo sin límite.
Cuando apenas termina el primer mes del periodo de Gobierno presidencial, ya se registran hechos relevantes y preocupantes algunos, que atentan contra la libertad de expresión y comunicación afectando directamente al periodismo, cuando lo sujetan a limitaciones, condiciones y censuras, figuras utilizadas en dictaduras que amordazan a medios de comunicación y periodistas, revisando y controlando contenidos textuales, imágenes y virtualidades que operan en las comunicaciones de divulgación pública, indispensables en la transmisión de informaciones, que deben conocer de manera objetiva y transparente.
El presidente Abelardo De la Espriella Otero, les prohibió a los ministros, directores, presidentes de instituciones públicas y jefes de secciones, entre otros, dar declaraciones, no practicar ruedas de prensa ni responder entrevistas, implementando un régimen antidemocrático, que no será de halago para su equipo de Gobierno, provocando incomodidad, maniatando y limitando, expresión e información, relacionada con acciones, operaciones y opiniones, en concordancia con sus funciones, facultades, atribuciones y resultados, que quieren destacar.
El Gobierno nacional discrimina algunos medios y periodistas, únicamente les transmitirá información a medios de comunicación y periodistas amigos, de ahí que haya designado en la administración de Gobierno a un agente encargado de ejercer los filtros y controles de comunicación requiriendo para todas las publicaciones de un visto bueno y autorización del referido agente, dejando por debajo la confianza de sus inmediatos colaboradores que quedan subyugados a la determinación de régimen impositivos imperantes, que tal vez muchos no soportarán a futuro, violándolo la disposición restrictiva o retirándose aburrido para no continuar en el Gobierno. Un grave error de consecuencias impredecibles para el Gobierno, colocar bozal y tapabocas a su equipo de trabajo (ministros y demás).
La comunicación es un medio o forma de transmisión natural entre personas mediante intercambio de manifestación oral, información de pensamientos, disposiciones, orientaciones, directrices, decisiones y todo lo que sirva para conocimiento e interés, para no ser ignorante en el trajinar de la vida, prevenirse de hechos lamentables y fatales, defender derechos, participar de actividades democráticas, no ser objeto de manipulación y engaños.
La comunicación se clasifica en dos partes: emisor, persona que crea y transmite una información. Receptor, persona que recibe la comunicación, por escuchas, imágenes o mediante lectura, por diferentes canales audiovisuales, físicos y digitales; mediante diversas formas que las caracterizan, para transmitir, intercambiar y compartir información, ideas, noticias, crónicas, políticas y emociones entre otras.
Los mandatarios pueden tener preferencias y exclusividad, en favor de determinado medio de comunicación y periodistas, como también sus diferencias, reproches y reparos por variadas formas, causas y motivos, que consideren justificables, con razón o sin ella. Las comunicaciones se divulgan a través del periodismo en las distintas maneras de transmisión que estén operando. La mayor fortaleza de la comunicación la constituye: objetividad, veracidad, credibilidad e imparcialidad. No ajustarse a los mencionados parámetros es ejercer un periodismo peligroso, desconcertante, manipulador y engañoso, alineado a la parcialidad y la mala fe, causando daños y perjuicios a las personas y a la sociedad paciente e inocente, receptora de información, víctimas de desinformación o mala información, que repercute negativamente contra el medio informativo carente de confianza.
Los gobernantes deben conservar una cordial relación con el periodismo, respetando la libertad de expresión en el manejo operativo. Prestarle apoyo incondicional en aras a solventar gastos de producción que demandan las acciones de investigación, edición, impresión, difundir y publicar. No es necesario supeditarlo con incentivos para someterlo al dominio de compra de servicios periodísticos, limitando criterio y dignidad, que son sagrados en el ejercicio del oficio profesional de periodistas. Cuando se ejerce un Gobierno con transparencia y cumplimiento de las disposiciones constitucionales y legales vigentes no requiere utilizar los medios para manipular, desinformar u omitir informaciones por intereses torcidos o extralegales, implícitos en corrupción.
Que un presidente excluya periodistas, por que no son de su gusto y agrado no inhibe a los periodistas, ni mucho menos los limita para informar y divulgar noticias y opiniones, originadas de percepción e investigación, rastreando hechos para conocimientos, denunciar malas acciones, prevenir tormentas, engaños y violaciones de derechos, fundamentales y públicos. Orientar las vías factibles que sirvan para superar la falta de conocimiento de los hechos previstos e imprevistos, que resultan fallidos por abandono y negligencia. Hoy en día estamos sobrados de canales comunicativos y redes sociales que sombran y desvirtúan falsos montajes periodísticos ridiculizando y desacreditando a aquellos medios que se habitúan colocarse al servicio de la corrupción por retribuciones económicas, prostituyendo la labor periodística, imperando muchas veces a título sicarial y todo por la plata.
El periodismo no es cosita de jugar y utilizar a los antojos, caprichos y desbordes de abusos; por estar afectado y comprometido en debilidades, amparado en poderes y gobiernos públicos y privados, usando amenazas y persecuciones contra los críticos y opositores, por circunstancias comunes de mandatarios autoritarios, antidemocráticos y dictatoriales, que se valen de medios y fuerzas para imponer criterios absurdos y repugnantes que por temor y miedo la sociedad los admite de manera retrechera, con reproches silenciosos. En el ejercicio del periodismo, no todos están al servicio de la corrupción y muchos no temen denunciar, desenmascarar y cantar verdades certeras sobre hechos irregulares y delictivos previas investigaciones.
Un periodismo manejado con seriedad, objetividad y credibilidad; puede fácilmente desestabilizar, bandear, averiar y destronar un Gobierno. De muy poco le sirve a un Gobierno privilegiar y excluir periodistas, si sus acciones y operaciones administrativas contradicen la normalidad y funcionalidad institucional, que deben respetarse y acatarse por quienes gobiernan. El periodismo arrodillado y habituado a proteger e impulsar manejo de corrupción por remuneración económica, ignorando y desconociendo el decoro moral que debe caracterizarlo, cae en desprestigio y deterioro profesional, y está destinado al fracaso y destierro.