Que La Guajira sea el primer puerto del presidente Abelardo De la Espriella para comenzar sus recorridos nacionales y realizar sus consejos de Gobierno puede ser un gesto político importante. Pero sería un error que todo termine en una fotografía, una lista de promesas y un discurso de ocasión. La Guajira necesita decisiones, recursos, cronogramas y resultados medibles.
Las cifras obligan a hablar con crudeza. En 2024, el 65,7 % de los guajiros estaba en condición de pobreza monetaria, la segunda tasa más alta del país, solamente superada por Chocó. No estamos hablando, entonces, de una dificultad coyuntural, sino de una crisis estructural que lleva décadas reproduciéndose.
Y ahora aparece una amenaza adicional: El Niño. El Ideam confirmó que las condiciones del fenómeno están presentes y que existe una probabilidad superior al 97 % de que persistan hasta el primer trimestre de 2027. Además, estimó en 81 % la probabilidad de una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026. Para La Guajira, donde el agua sigue siendo una deuda histórica, esto no puede manejarse como una emergencia más.
El nuevo Gobierno también encontrará una economía regional en transición. Cerrejón suspendió en junio buena parte de sus operaciones y dejó afectados a 12.434 trabajadores entre directos y contratistas, según reportes de la época. El mensaje es evidente: la transición económica no puede esperar a que desaparezcan los empleos para comenzar a diseñarse.
En materia energética tampoco basta con anunciar megavatios. La Anla reportó en 2025 unos 2.500 MW de proyectos renovables licenciados en La Guajira y, en marzo de 2026, autorizó el parque eólico Sirius, de 150 MW. El desafío ahora es convertir ese potencial en empleo, inversión local, infraestructura y bienestar para las comunidades.
Y está el asunto de las Appa. En ocho municipios del sur de La Guajira se han impulsado estas áreas para proteger suelos destinados a la producción de alimentos. No se trata simplemente de rechazarlas o defenderlas: se necesita revisar sus impactos territoriales y garantizar que la protección alimentaria sea compatible con el desarrollo económico y los derechos de las comunidades.
Por eso, el consejo de Gobierno debe salir con una agenda regional de verdad: terminar los ejes del proyecto Ranchería; garantizar agua; preparar al Departamento para El Niño; acelerar proyectos productivos; ordenar la transición laboral de Cerrejón; destrabar inversiones energéticas; revisar las Appa y fortalecer la seguridad en la frontera.
El presidente De la Espriella tiene una oportunidad histórica. Si comienza su Gobierno en La Guajira, que también comience aquí a pagar una deuda que Colombia tiene con este territorio.
La Guajira no necesita que le prometan futuro. Necesita que, y transformen su oscuro presente, para pensar en un futuro lleno de esperanzas.
