La pasada jornada electoral marcó un hito referenciando un punto de partida, direccionando la ruta a seguir para entender y comprender, en razones y reflexiones, y precisar objetivos. La imposición de intereses constituye el factor común, obedeciendo órdenes de jefaturas tradicionales que predominan en localidades y regiones. Dos sectores políticos resultaron ganadores de las elecciones al Congreso, de los que participaron con listas cerrada, el Pacto Histórico, liderado por el presidente Gustavo Petro, que pasó de 20 a 26, curules, independiente de la jurisdicción especial indígena; y el Centro Democrático, en cabeza del expresidente Álvaro Uribe Vélez, logrando superar el resultado de la pasada elección en 2022, pasando de 13 a 17 curules, cuando no daban mucho valor a la nueva lista Uribista, inclinándose algunos con la precandidatura de un felino rivalizando con Paloma Valencia, que superó con una alta votación en la Consulta para escoger la candidatura de la Centro derecha.
El expresidente Uribe Vélez demostró que se mantiene firme con su gente, aun cuando personalmente no logró la elección en el renglón 25 de la lista cerrada. Sus acciones y gestiones dejan bien posicionado al Centro Democrático, con 17 curules en el Senado y 40 para la Cámara de Representantes. Con los citados resultados, Álvaro Uribe se impone con la candidatura de Paloma Valencia como candidata de derecha que enfrentará la rivalidad con la candidatura de Abelardo de la Espriella, que se lanza a la Presidencia sin ninguna opción de triunfo en competencia con la candidata Paloma, quien logra más de tres millones en una consulta popular.
El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, está preclasificado para la competencia final en segunda vuelta, que desde la postulación de la candidatura en el mes de octubre del año 2025, comenzó a puntear en medio de un centenar de precandidatos recogiendo firmas en el territorio nacional para avalar sus candidaturas que se han ido desvaneciendo y depurando con el transcurrir de las campañas a Senado y Cámara de Representantes, transformando y despejando el espacio político para iniciar el primer tiempo de la elección presidencial para el periodo 2026 a 2030.
El volumen de votantes sigue igual a los de otros periodos, no sobrepasan el 50%, es decir, la mitad de ciudadanos colombianos en el registro del censo electoral se abstienen de elegir por indiferencias y desinterés por las elecciones populares, que consideran desacreditadas por la clase política mañosa, mentirosa, inscribible y corrupta, que promete y no cumple, con deberes y compromisos de las responsabilidades que asumen como representantes del pueblo.
En las pasadas elecciones a algunos partidos políticos no les fue tan bien como esperaban, sobre todo los que venían perdurando por tradición y posicionamiento territorial nacional. Los más afectados fueron el partido Conservador que perdió cinco curules, y Cambio Radical que en coalición pasó de 10 curules a 6. Los partidos Liberal y la U, perdieron una curul cada uno. El Partido Verde conservó los 10 cupos. Unos 40 congresistas, entre Cámara y Senado, o en intercambio de una a otra en esta ocasión no lograron tener éxito, terminando derrotados. Lo curioso ha sido la gran derrota del Partido Conservador en el Atlántico, donde quedó sin representación cuando cuyo partido estaba bajo la dirección del senador barranquillero Efraín Cepeda, reelegido presidente del Senado. El conservatismo en el Atlántico nunca había perdido el Senado.
Entre otros célebres que no resultaron elegidos o reelectos mencionamos a Álvaro Uribe, Katherine Miranda, Angélica Lozano, Berenice Bedoya, Carlos Motoa, César Lorduy, Hernán Andrade, Inti Asprilla, Paulini Riesco, Jorge Robledo, Lina Garrido, José David Name, ‘Lucho’ Garzón, María Paz Gaviria, Richard Aguilar y Miguel Polo Polo entre otros, al término de lo escrutinio, para expedir las credenciales a los ganadores, por algunos detalles, errores y fraudes. Dos congresistas recién elegidos fueron objeto de detención por órdenes de captura originadas por hechos de corrupción pendientes, sacudiendo la estabilidad política que afecta a algunos partidos.
Se cerró la faena de elección al Congreso e inicia el primer tiempo de la campaña a la Presidencia de la República, con la inscripción de 14 candidatos, de los cuales los dos primeros jugarán la gran final para el periodo 2026-2030. El Pacto Histórico asegura ser uno de los favoritos con Iván Cepeda y su fórmula Aida Quilpué, de tendencia de izquierda. Otros que se perfilan en orillas opuestas, con coalición de Centro derecha, en cabeza de la candidata Paloma Valencia, en fórmula con Juan Daniel Oviedo, cuyas candidaturas se sintetizaron después de una competencia entre nueve precandidatos, sumando al final más de cuatro millones de votos. Para llegar a la segunda vuelta, la fórmula presidencial debe sobrepasar más de cinco millones.
De acuerdo a los últimos resultados electorales de los partidos en contienda, los más mencionados serían los candidatos Iván Cepeda y Paloma Valencia, en polos opuestos. Sin embargo, no podría descartarse ninguna sorpresa si el 50% de los electores abstencionistas se levantaran a votar, eso podría darle la vuelta al pronóstico de las encuestas y decidir. Es la oportunidad por otras opciones, si no queremos seguir enfrascados o limitados apoyando o a la izquierda o a la derecha, sin diferencia de más de lo mismo, solo cambian el disfraz de las diferentes tendencias políticas e ideológicas, desligándose de los extremos para extirpar las polarizaciones extremas que de nada bueno sirven. Hay competencias, divisiones y rivalidades; enfrentamientos entre sí, por la derecha, que solo podría favorecer a un candidato unificado en primera vuelta, de lo contrario, correrían el riesgo de no ser favoritos porque dos sectores de derecha difícilmente pasarían a una segunda vuelta y lo esperaría una derrota anticipada.







