Un artefacto explosivo sin detonar fue encontrado por tropas colombianas en una zona rural del departamento de Nariño, muy cerca de la frontera terrestre con Ecuador. El hallazgo se registró en una zona de cultivos ilegales en el corregimiento de Jardines de Sucumbíos, perteneciente al municipio de Ipiales.
Según las primeras descripciones oficiales y material fotográfico difundido por fuentes de prensa, el objeto tenía características similares a las bombas aéreas de gran tamaño, con una forma cilíndrica y un peso aproximadamente de 250 kg.
Tras la verificación inicial de que el artefacto no estaba activo ni representaba un riesgo inmediato para las comunidades cercanas, equipos militares especializados en explosivos realizaron una detonación controlada del objeto. Esta acción forma parte de los protocolos estándar para garantizar la seguridad del perímetro y evitar cualquier incidente con la población civil.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó que las inspecciones preliminares apuntan a que el explosivo podría corresponder a material utilizado por fuerzas armadas de países vecinos, específicamente señalando la posibilidad de que el artefacto provenga de Ecuador. Esta versión se basa en características físicas del objeto y en análisis iniciales que, según el mandatario, descartarían oxidación o desgaste prolongado.
Por su parte, las autoridades ecuatorianas han negado que sus operaciones militares se desarrollen fuera de su territorio, subrayando que cualquier acción aérea o terrestre por parte de sus fuerzas armadas se concentra exclusivamente dentro de sus fronteras.
El hallazgo del artefacto explosivo se produce en un contexto de intensa actividad de seguridad en la frontera colombo‑ecuatoriana, donde las autoridades de ambos países han intensificado operaciones contra cultivos ilícitos, grupos armados ilegales y redes de narcotráfico. La región de Ipiales, junto con otras zonas de Nariño, es frecuentemente vigilada por fuerzas de seguridad debido a la presencia de rutas de contrabando y áreas de difícil acceso que facilitan actividades delictivas.
Aunque Colombia ha señalado públicamente su posición sobre el posible origen del artefacto, actualmente se adelantan investigaciones formales para determinar con certeza cómo llegó al lado colombiano y cuál es su procedencia exacta. Autoridades de ambos países han señalado que se coordinarán para intercambiar información técnica y forense que permita esclarecer los hechos con precisión.
El caso sigue bajo revisión por parte de las fuerzas de seguridad y los organismos competentes, mientras se recopilan más datos que puedan aportar claridad al proceso investigativo.








