De una tragedia reciente que culminó con la muerte de un niño hemofílico, luego de sufrir un traumatismo encefálico severo (TEC, Grado III), se ha hecho un maremágnum mediático y político. La falta de seriedad para leer informes médicos como los de Medicina Legal hace que se digan sandeces por doquier. Es el precio a pagar por parte de la verdad. Veamos que las cosas han sido de una forma distinta a lo pregonado por los medios y redes sociales, por interés político. A Dios lo que es de Dios, dicen. Veamos.
La hemofilia es un trastorno, desde leve a muy grave, de la coagulación sanguínea, que puede presentarse en dos tipos o formas: 1. Tipo A o Hemofilia clásica, poco frecuente, en el orden de 26 casos por cada 100.000 varones nacidos vivos. Cerca del 16% de las veces ocurre en mujeres. El problema radica en la deficiencia o ausencia del Factor VIII de la coagulación. 2. Tipo Deficiencia o Ausencia del Factor IX de la coagulación, situación más rara todavía. Los factores de la coagulación son proteínas que favorecen la formación de coágulos como mecanismo de protección ante sangrados internos o externos, espontáneos o traumáticos. De esta manera las plaquetas también hacen parte de dicho mecanismo protector.
El niño fallecido recibía el tratamiento específico para la hemofilia Tipo A o Clásica, consistente en el suministro del Factor VIII de la coagulación, de aplicación mensual. La dosis más reciente la recibió en diciembre pasado. Estaba pendiente la dosis de enero de este año. No se tienen reportes de sangrados espontáneos previos al accidente. Una solicitud de parte de la madre para el cambio de sede donde recibir el tratamiento para su hijo, que más tarde volvió a cambiar entre los departamentos de Huila y Santander, redundó en que el enfermo no recibiera la dosis de enero, la que estaba autorizada por parte de la Nueva EPS y pendiente de entrega.
El informe de la necropsia médico-legal (con este carácter porque se trató de una muerte en circunstancias violentas, una de las circunstancias para realizarla así), dice que la causa directa y única de muerte fueron los traumatismos craneales múltiples tremendos, consistentes en dos fracturas parietotemporales (compromiso del peñasco temporal, inclusive), con dos hematomas subdurales. Se descartó la presencia de hematomas o sangrados articulares (hemartrosis de las rodillas, por ejemplo), subcutáneos o musculares, que es lo propio en casos por hemorragias debidas a la hemofilia.
Recordar al último Zarevich Alexei Romanov, hijo del zar Nicolás III de Rusia. Único hijo varón de la dinastía descendiente y heredero del trono zarista, que nació afectado de hemofilia. Los sangrados articulares continuos llevaron a la intervención del llamado monje maldito, Rasputín, como supuesto sanador del niño. Para entonces se desconocía la razón bioquímica de la enfermedad.
Conclusiones: 1. El paciente nunca estuvo sin tratamiento, pues hasta un mes antes del accidente recibió la dosis de Factor VIII de la coagulación. La indecisión de la tutora del menor de dónde recoger el medicamento para su hijo, afectó la continuidad del tratamiento. 2. No obstante, este hecho en ningún sentido influyó como causa de muerte del jovencito. Será muy difícil para la madre del paciente ganar alguna demanda que instaure pretendiendo responsabilizar a la Nueva EPS de negligencia por el deceso de su hijo. Nunca hubo negación del tratamiento para la hemofilia. Ni ella reportó sangrados previos al accidente que pudieran suponer un déficit en los procesos de coagulación del menor.
Por otra parte, hay enfermedades que imponen limitaciones en el estilo de vida que se debe llevar. Por ejemplo, los epilépticos incluso si están en tratamiento y compensados, no deben conducir vehículos automotores, desempeñar oficios de altura o nadar en sitios donde si les da una crisis convulsiva se puedan morir. Lo mismo se diría de la hemofilia. Quien la padece debe evitar los riesgos de traumatismos por el sangrado, y menos, una variedad extrema de ciclismo tipo escalamiento de muros como fue este caso. Aunque para el problema en discusión esto no tuvo ninguna implicación o importancia. La muerte fue el desenlace inevitable del Traumatismo Encéfalo Craneal (TEC) grave que se produjo.
Condolencias a la madre por la pérdida de su hijo, pero que tenga cuidado de no dejarse manosear de una opinión pública politizada y que en su desvergüenza le importa abusar de quienes han tenido problemas y se hallan vulnerables. Revisar si otros hijos pueden portar la hemofilia. Que el tiempo le traiga la calma necesaria para seguir viviendo.








