Para quienes aún no identifican la sigla, este es el título del álbum y de una canción del puertorriqueño Bad Bunny. Significa ‘Debí tirar más fotos’.
Pues bien, el artista, criticado por muchos y amado por tantos, es el que está ‘mandando la parada’. Y es que, si bien es cierto que el género que representa tiene muchos detractores por lo plebe de sus letras, el ‘Conejo Malo’ arrasó en la noche de los premios Grammy, llevándose el galardón al Mejor Álbum de Música Urbana y poniendo a cantar en español a ‘gringolandia’.
No conforme con ello, fue el invitado al show del medio tiempo del Super Bowl —honor concedido hace años a Shakira y Jennifer López—. En su publicidad, cargada de patriotismo, anunció que allí el idioma español sería protagonista para honrar sus raíces latinas, justo en un momento en que los inmigrantes sufren una persecución sin tregua y la xenofobia y el racismo son el pan de cada día en la ‘Yunais’.
Debo decir que el ‘man’ nos tocó el corazón a nosotros los cincuentones. Nos regaló un álbum repleto de nostalgia que nos permite conectar con un género difícil de digerir para quienes ya peinamos canas. Especialmente con la susodicha canción ‘Dtmf’, que nos enseña el valor de un recuerdo y retrata esa necedad de los mayores por fotografiar a los menores; esos muchachitos que, de mala gana y con ‘cara de trompá’, se lo conceden, eso sí: ni por casualidad te pelan los dientes.
De fotos como esas están llenos los álbumes de mi casa. Los últimos protagonistas son mis sobrinos, quienes sufrieron la persecución de su papá para inmortalizar con su ‘pistola’ (su cámara) cada momento especial. Hoy, esos sobrinos crecieron y están lejos de casa; cuando la vida les permite volver al nido, se deleitan viendo las viejas fotos impresas, muchas ya desteñidas. Pasan las hojas con un brillo nostálgico, reconociendo gente ausente y reconociéndose a ellos mismos en su ya lejana niñez. Ahora son los primeros que, con sus celulares, inmortalizan momentos ‘a la trocha y moche’. Arrepentidos, observan el inexorable paso del tiempo, tangible por el vacío de los abuelos que ya no están y que aparecen amorosos cargándolos en tantas fotos viejitas. Es ahí cuando la nostalgia se vuelve canción y, en su interior, se reprochan, ‘Dtmf’.
Bad Bunny, para mí, ‘la rompió’. Tocó fibras desde la portada: dos sillas blancas vacías bajo una mata de plátano. Es una escena que conmueve y nos recuerda a los ausentes; en esa silla bien pudo haberse sentado mi abuela, mi mamá, mis tíos o algún compadre. Ante el vacío, yo también me reprocho, ‘Dtmf’.
Y llegó el gran día. La cosa pintó bien desde el inicio a mitad del partido, donde incluso jugó el colombiano Christian González. En cuestión de segundos alistaron el escenario y el boricua se dio el lujo de replicar un rincón de su ‘Isla del Encanto’: la mata de plátano, las sillas, la casita humilde que lo acompaña en sus conciertos, ventas callejeras y hasta un matrimonio de ‘verdad, verdad’. Todo con sabor a Latinoamérica y exclusivamente en español.
El show tuvo una puesta en escena monumental. Él, nos guste o no, puso a nuestra región en el radar, importándole un carajo el ‘embolate’ de Donald Trump, quien ni en pintura lo quiere ver. Bad Bunny es una voz con poder y su lucha contra la abusiva policía de migración tiene a Trump con los pelos de punta en un ‘tira y jale’ de nunca acabar.
El gran final fue una ‘garnatá’ con la mano abierta para el presidente. Lo desafió al pedir a Dios que bendiga a América, pero aclarando que, desde Alaska hasta la Patagonia, todos somos América. Enunció uno a uno los países, enarbolando sus banderas y retando a quien diga lo contrario, haciendo enfurecer al ‘león de melena pelirroja’, quien ya destila veneno contra el ‘Conejo Malo’.
Celebro el mensaje de Benito Antonio Martínez Ocasio. Su impacto es indiscutible; lo de artista ya es cuestión de gustos, y ‘entre gustos y sabores, no han discutido los doctores’. Yo la tengo clara: todos somos América. Y ya que acabo de llegar a mi país, quiero inmortalizar cada momento vivido en mi zapateadero para deleitarme viéndolos a mi regreso al Viejo Continente. Nadie me quita ‘lo bailao’ y, así, voy a la fija para no tener que decir ‘Dtmf’ en estos carnavales. Así que prepárate, ‘muela picá’, que lo que te viene es panela.








