Traduce cambiar de mentalidad sin lugar a ningún género de dudas, y a ello invitamos desde esta columna a nuestra sociedad entera, la transformación consciente de la forma de pensar, pasar de lo que limita a lo que se expande, superar problemas, focalizarse en soluciones, asumir responsabilidad y ser grato; más no como un algo mágico, sino como un proceso continuo de acciones, nuevas creencias y adaptabilidad, cuestionando lo que creemos saber para permitirnos en consecuencia otear, ver nuevas posibilidades y crecer creciendo real y verdaderamente; de la misma manera que significa reemplazar las creencias disfuncionales por otras mayormente productivas que en efecto transformen las opciones que consideramos e incluso nuestra identidad, lo que requiere de un paso a paso coherente, afirmativo, toda vez que lo cual no se da repentinamente, como tampoco por generación espontánea.
Entender que todo lo que logremos en la vida dependerá de qué tan convencidos estemos o no que lo vamos a lograr. Influye significativamente el cambiar de mentalidad en el resultado de las situaciones a las que nos enfrentamos, ya que las cosas los asuntos no siempre resultan favorables al principio, siendo por tanto lo importante aprender y plantearnos qué hacer luego de que los asuntos no resulten como lo pensamos o como los queremos.; de ahí que válido sea comprender que todo cuanto hacemos depende de nuestra mentalidad, ese conjunto de creencias, conocimientos, actitudes, sentimientos y emociones que tenemos en nuestra mente y que determinan nuestras decisiones en la vida.
Saber que los paradigmas son esos modelos mentales que nos han inculcado desde pequeños y que determinan nuestra manera de actuar; que nuestros hábitos son esas acciones cotidianas que repetimos de forma automática, es decir de forma inconsciente; y, que las creencias son actitudes mentales que consisten en la aceptación de una experiencia o una idea considerándose como verdaderas, vale decir, aquello que decidimos creer y afirmar sin que tengamos el conocimiento o las evidencias de que sean totalmente ciertos, conceptos que hacen parte del acervo de conocimientos que vamos adquiriendo y experimentando desde niños, y es lo que va a determinar nuestro comportamiento.
Nos compete en contexto de ciudadanía, si mejorar integralmente queremos, responder al éxito en la toma de decisiones con mentalidad de crecimiento, hacernos superiores, construir equipos colaborativos fuertes y pedir las ayudas que necesarias sean para que ayuden a implementar las ideas en el mejor de los sentidos. Es valorar el trabajo en equipo, estar siempre atentos a buenas ideas sin importar de quién provengan y enfrentar los cambios como un desafío para seguir aprendiendo y avanzando, en la certeza que apuntar a una mentalidad de crecimiento es fundamental para la innovación; de ahí que si queremos avanzar, y es lo debido en beneficio comunitario, preciso es cambiar de actitud, ver la vida de manera distinta, más positiva, superar los problemas, buscar y procurar nuevas ideas, romper paradigmas, hacer las cosas de manera diferente, salir de la zona de confort, atreverse siempre a ir por más, e insisto, trabajar en equipo valorando la diversidad y la empatía; lo mismo que concebir que todo cambio implica un gran esfuerzo, que debe empezar primero en lo personal y reflejar en el contexto social, fundamental para potenciar nuestro integral desarrollo.
Razones las dichas para poder afirmar sin rodeos, que la dupla municipio / cambio de mentalidad, debe centrarse en una transformación necesaria en la administración y ciudadanía para pasar, como debe y tiene que ser en señal de progreso, avance, desarrollo, productividad, competitividad y demás otros sustanciales adelantos, de modelos reactivos a proactivos, focalizados en planificación, educación, participación y sostenibilidad, donde el Gobierno local actúe como apersonado gerente de la comunidad y nosotros, los ciudadanos, adoptar una visión colectiva de progreso y soluciones, no solo de problemas, para construir un desarrollo local resiliente y valedero en respuesta de las tramitaciones en positivo de nuestras propias realidades, necesidades y demandas poblacionales.








